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Capítulo 46:
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Una sola pregunta de Waylon bastó para que todo el salón volviera a centrar su atención en Alexia.
Un foco inesperado la dejó inmóvil. El gesto de Waylon la había pillado completamente desprevenida.
Aun así, se las arregló para responder: «De acuerdo».
Con un destello de emoción, Elton intervino: «Hagámoslo interesante: un concurso de bebida. El ganador se lleva la licencia».
Matteo asintió con un tono tranquilo: «Gracias por darme esta oportunidad. Me apunto».
Korbin miró a Roger. «¿Y tú? ¿Te apuntas?».
Esa invitación provocó una oleada de ansiedad entre el público.
Todos sabían que Roger tenía pocas posibilidades; se trataba de un desafío destinado a doblegarlo. Desde todos los puntos de vista, las reglas jugaban en su contra, preparando el escenario para una derrota pública.
Incluso la confianza de Marilee vaciló. «Roger, por favor. No lo hagas». Cualquiera podía ver que lo estaban señalando y tendiéndole una trampa.
Un sudor frío brotó en la frente de Roger mientras sopesaba sus opciones.
𝖭𝗎𝗲𝗏𝗼s 𝘤𝗮𝗽𝗶́𝗍𝘶𝗹𝘰𝘴 𝗌e𝗆𝗮𝘯𝘢𝗹eѕ eո 𝗻o𝗏𝖾𝗹а𝘴4𝖿𝖺𝗇.𝗰𝘰𝘮
Si aceptaba, su cuerpo podría fallarle antes de llegar al final, lo que garantizaría una derrota.
Negarse a competir sería una admisión pública de debilidad y, con la licencia de juego en juego, el futuro del Grupo Gibson pendía de un hilo. La contracción del mercado inmobiliario los dejaba desesperados por conseguir nuevo capital.
Una mueca de disgusto se dibujó en el rostro de Waylon al ver vacilar a Roger. «Si es demasiado para ti, apártate».
La determinación endureció el rostro de Roger. «¡Yo también me apunto!».
Elton aplaudió, con tono de aprobación. «Así me gusta».
Unos instantes después, llegó un carrito repleto de vodka, con veinte vasos. Elton explicó: «Cada uno tiene diez chupitos. El que termine primero se lleva el premio. Pero no arriesguéis la vida por esto. La salud es lo primero».
Un murmullo de inquietud recorrió a la multitud mientras imaginaban las consecuencias.
Matteo se preparó, destapó una botella de leche, se tranquilizó y lanzó una mirada fría al rostro pálido y tenso de Roger. El odio le hervía en el pecho. ¿Se derrumbaría Roger por fin bajo la presión?
Las viejas heridas entre las familias Braxton y Gibson aún perduraban; el dolor de la traición nunca se desvanecía del todo de la memoria.
Ninguna competición, por muy pública que fuera, podía compararse con la humillación que habían sufrido los padres de Matteo: suplicar clemencia a la familia Gibson y no encontrarla. La tensión se palpaba en todo el salón, con todas las miradas fijas en el inminente enfrentamiento.
Los vasos tintinearon y comenzó el duelo: ambos hombres se bebían chupito tras chupito con imprudente abandono.
Cada trago abrasaba la garganta de Roger; el líquido ardiente hacía que su cuerpo aullara en señal de protesta, pero no había lugar para la debilidad. Perder no era una opción, no mientras Waylon estuviera mirando.
Cada movimiento que Waylon hacía esa noche lo dejaba claro: todo esto era por Alexia, y el orgullo de Roger se negaba a ceder.
Llevaba mucho tiempo intuyendo que el interés de Waylon por Alexia iba más allá de la amistad. Esa certeza le había estado atormentando desde su adolescencia. Aun así, ¿qué más daba? Durante los últimos dos años, Alexia había sido su esposa, firmemente en sus manos. Ninguna rivalidad cambiaba el hecho: él era su marido, al menos por ahora. Su divorcio aún no era definitivo, todavía no.
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