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Capítulo 426:
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Marilee nunca había imaginado que algún día se encontraría en una situación tan apremiante frente a Roger.
Había creído —tontamente, al parecer— que su embarazo podría ablandarlo, que la mera idea de un hijo despertaría su compasión. Se había aferrado a la esperanza de que él pudiera dudar, dividido entre ella y Alexia. Pero lo había juzgado mal por completo.
Mordiéndose el labio inferior, Marilee se llevó una mano temblorosa al abdomen. Su voz, cargada de rabia e incredulidad, arremetió contra aquel hombre que ahora le parecía un extraño. «¿De verdad eres tan despiadado? Estamos hablando de tu hijo. ¡De una vida!».
Roger apartó la mirada, negándose a sostener su mirada furiosa. Su tono era gélido, desprovisto de toda calidez. «Puedo tener hijos cuando quiera. Este no importa».
Las palabras la golpearon como una bofetada. Por un instante, se quedó paralizada. Luego, su voz se quebró, desbordada por la emoción. «¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes ser tan cruel? Roger, ¿me has estado mintiendo todo este tiempo?»
Perdió la compostura mientras su desolación se desbordaba. «Solías decir que me querías. ¿Eran todas esas palabras solo mentiras?»
La expresión de Roger se ensombreció, y las finas líneas de su apuesto rostro se agudizaron con desdén. «Eso era el pasado. Tú ya has pasado página con otra persona. Una vez juraste que nunca amarías a nadie más».
Marilee se sonrojó de furia, humillada por sus acusaciones. «¿Cómo te atreves a hablarme así?»
Roger soltó una risa sin alegría, con una sonrisa torcida esbozándose en sus labios. «Solo estoy siendo sincero. Interrumpir el embarazo es la mejor decisión, para los dos. ¿Por qué traer un niño a este mundo, uno al que nunca se le querrá?»
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Entonces, como si algo hubiera hecho clic en su mente, entrecerró los ojos mirándola con recelo. «¿O es que el hombre con el que estás ahora ya no te quiere? ¿Y ahora crees que puedes volver arrastrándote a mí? »
Marilee nunca lo había visto así: tan frío, tan calculador, como si ella fuera una amenaza que había que neutralizar. Sus ojos, antes llenos de pasión, ahora la miraban con receloso desprecio.
Fue entonces cuando por fin lo comprendió: un hombre que ya no la amaba podía convertirse en un extraño más frío que el hielo. Darse cuenta de ello fue brutal.
Todos sus planes, todas sus manipulaciones, se derrumbaron a su alrededor. Había esperado que la niña pudiera atrapar a Roger, darle alguna ventaja. Pero él se negó a seguirle el juego. Ahora sus intrigas yacían en ruinas.
Aun así, Marilee se negó a derrumbarse. Levantó la barbilla con fuerza, luchando por mantener un atisbo de dignidad. «Si Alexia se entera de cómo me has tratado, ¿qué crees que hará?»
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