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Capítulo 175:
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Para cuando llegó la segunda ronda, Alexia seguía superando por completo a Pierson.
Una sensación de desánimo se apoderó de él al darse cuenta de cuál era su verdadero objetivo: no se trataba solo de ganar. Ella estaba jugando con él, convirtiendo cada lanzamiento en una lección de humillación.
Dondequiera que Pierson apuntara, Alexia estaba allí, haciendo añicos sus esfuerzos con una precisión implacable. Cada dardo que lanzaba atravesaba los suyos, separándolos como si apenas se esforzara. ¿Y lo peor de todo? Apenas miraba el marcador.
Parecía que su único objetivo era quebrantar su espíritu.
La guerra psicológica se volvió insoportable. Pierson finalmente estalló: «¿Acaso estás intentando competir, o solo estás aquí para fastidiarme?».
«¿Por qué no me lo iba a tomar en serio? Seguimos jugando, ¿no?». Alexia esbozó una sonrisa inocente. «Si quieres, le prestaré toda mi atención a la siguiente ronda».
Un escalofrío visible recorrió al público. ¿Aún no había prestado toda su atención? Entonces, ¿de qué sería capaz si realmente se esforzara al máximo?
La compostura de Pierson estaba por los suelos. Graham intervino, dándole a su hijo una palmada tranquilizadora en el hombro e intentando sonar optimista. «No dejes que te afecte. Mantén la cabeza en el juego. La perseverancia da sus frutos».
Con los puños apretados y la respiración entrecortada, Pierson se obligó a concentrarse y cogió sus dardos.
Comenzó la última ronda. Esta vez, logró cuajar una gran actuación. Sus lanzamientos fueron precisos y la suerte parecía estar de su lado. Fue la mejor ronda que había tenido en toda la noche.
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Pero cuando miró a Alexia, cualquier esperanza que hubiera logrado reunir se desvaneció al instante ante la tranquila confianza de sus ojos.
Ella asintió con frialdad. «Adelante, recoge tus dardos. Me toca a mí».
Ese tono le puso los pelos de punta: por fin comprendió que ella apenas estaba empezando.
Para no tentar a la suerte, Pierson recogió rápidamente sus dardos del tablero. Alexia se adelantó, completamente serena, con la mirada fija en la diana. Con un único movimiento fluido, lanzó su dardo; cada lanzamiento acertaba con una precisión tal que hacía que la gente se olvidara de respirar.
Tres veces seguidas, dio en el centro de la diana.
Pierson echó un vistazo a su puntuación, cada vez más baja, y sintió cómo cualquier atisbo de esperanza se desvanecía para siempre. Al ritmo que llevaba Alexia, le daría una paliza en solo unos lanzamientos más.
Desesperado por recuperar terreno, fijó la mirada en la sección de triple puntuación. Sin embargo, le temblaba la mano por los nervios y su siguiente lanzamiento falló el blanco. Con eso, su puntuación en el marcador se quedó estancada.
Alexia apenas prestó atención al marcador. Le lanzó una mirada a Waylon, con una pequeña sonrisa en los labios. «Me muero de hambre. ¿Te apetece ir a comer algo después de esto?»
Todos los presentes en la sala se quedaron en silencio, atónitos ante su total falta de preocupación.
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