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Capítulo 114:
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—Ya sabes lo mucho que duele. Deja de intentar cargar con todo tú sola —comentó Waylon, con tono bajo e insistente.
Alexia negó con la cabeza. «La vida no funciona así. A veces tienes que esforzarte hasta el límite. Si quieres tener alguna posibilidad de sobrevivir, aprendes a no contar con nadie más que contigo misma».
Waylon entrecerró los ojos ante su terquedad y, con deliberada intención, presionó el bastoncillo con más fuerza contra su herida, casi provocándole lágrimas en los ojos.
«¡Ay, eso escuece! ¡Para! Ya me las arreglaré yo sola».
Alexia apenas había terminado de pronunciar esas palabras cuando el coche se detuvo bruscamente, haciendo que ella cayera de bruces sobre el regazo de Waylon. Esa cercanía inesperada dejó a Waylon paralizado durante un instante, mientras una oleada de calor desconocido le recorría el cuerpo.
Sus orejas adquirieron un tono rojizo inconfundible, aunque mantuvo el rostro cuidadosamente impasible.
Acunada contra su pecho, Alexia se sentía igual de nerviosa. Empezó a incorporarse, solo para darse cuenta de que él, en esa fracción de segundo, había apretado instintivamente su abrazo. Lo único que podía oler era el aroma limpio e inconfundible de su colonia, tan familiar y extraño a la vez.
Sus mejillas también se sonrojaron.
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Fue Waylon quien finalmente la soltó tras una pausa incómoda.
Ninguno de los dos sabía muy bien dónde mirar, ambos desconcertados por el momento.
Una vez que terminó de curarla en silencio, Waylon miró su pálido rostro con expresión sincera. «Alexia, tienes que dejar de querer a Roger».
Por un momento, Alexia solo pudo quedarse mirándolo, tomada por sorpresa.
Su primer impulso fue decir que hacía mucho tiempo que había dejado de querer a Roger.
Sin embargo, al percibir la gravedad en los ojos de Waylon, se le escapó algo diferente. «Entonces, ¿a quién crees que debería amar?».
Waylon arqueó las cejas, y un destello de sorpresa le cruzó el rostro ante su inesperada respuesta.
«Eso depende de ti, ¿no? Pero ¿Roger? No merece tu tiempo».
Waylon nunca se había molestado en ocultar la mala opinión que tenía de Roger, ni siquiera cuando eran niños.
Incluso durante los años en que Alexia lo veía como su rival, siempre preparada para la batalla, nunca se atrevió a ser dura con Roger.
Pero para Waylon, Roger no era más que una molestia. Nunca lo había considerado una amenaza real, sobre todo en lo que se refería a las cosas que le importaban. A veces se preguntaba qué extraño giro del destino le había llevado a preocuparse tanto por Alexia, o por qué alguien tan extraordinario como ella se había molestado en fijarse en alguien como Roger. Pero esa curiosidad nunca fue más allá de un simple pensamiento ocioso. Ahora, echando la vista atrás, a veces se preguntaba si las cosas habrían sido más sencillas si la hubiera reclamado para sí desde el principio.
Alexia soltó un bufido silencioso, restándole importancia a sus preocupaciones. «En la última gala benéfica ya te lo dije. Roger es agua pasada».
No sentía necesidad alguna de volver a examinar su antigua devoción por Roger: ya fuera por amor, culpa o deber, ya no importaba.
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