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Capítulo 929:
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Justine empezó a temblar. Había creído que por fin habían llegado sus días de lujo, que el poder que tanto ansiaba estaba a punto de ser suyo. Ahora, en cambio, se esperaba que se lanzara a una horda interminable de insectos.
Tras la muerte de Lillian, Justine había dado por hecho que su mayor peligro había desaparecido. También había creído que Nikolas la protegería de cualquier daño. Sin embargo, todo había cambiado.
Justine esbozó una sonrisa, aunque parecía más desesperada que tranquilizadora, y buscó una forma de ganar tiempo. «Aún no he recuperado del todo mis fuerzas. Puede que no sea capaz de usar todo mi poder».
«¿Sigues intentando evitar esto?», Vael se percató de inmediato de su reticencia. Entrecerró los ojos. «Todos los que están dentro de esta fortaleza han visto con qué facilidad matas a los insectos. ¿No es esa tu responsabilidad como salvadora del mundo?».
Justine dio dos pasos atrás mientras todas las personas de la sala la observaban. Una sola palabra o reacción equivocada podría delatar la verdad, así que apretó con más fuerza el bastón de Yggdrasil. «Lo entiendo. Solo dame un momento para prepararme».
Con pasos apresurados, corrió hacia sus aposentos, con las rodillas a punto de ceder bajo su peso y el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.
En cuanto se cerró la puerta, se apoyó contra ella y se deslizó lentamente hasta el suelo. El miedo había borrado toda estrategia de su mente. Ponerse su traje de combate era la única excusa que podía usar para ganar tiempo. Sin nadie más en la habitación, canalizó su poder hacia el bastón e intentó frenéticamente restaurar la fuerza devastadora que este había poseído en otro tiempo.
«¡Haz algo! ¡Transfórmate de una vez!», suplicó con un susurro entrecortado, mientras los temblores le recorrían los hombros. Como un animal acorralado sin ningún lugar al que huir, suplicó un milagro.
A pesar de todos sus esfuerzos, el bastón de Yggdrasil no daba señales de vida.
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«¡Maldita sea!», espetó, lanzando el bastón al suelo. Su respiración se volvió rápida y superficial. ¿Cómo podía derrumbarse todo en un momento como este?
Tras ponerse en pie, se miró en el espejo. Su rostro había perdido todo rastro de color. Su mirada se había vuelto ausente, mientras el sudor frío le pegaba el pelo de las sienes a la piel.
Huir era su única opción.
De repente, le vino a la mente un recuerdo de Browning. Él sabía de un pasadizo secreto que conducía más allá de la fortaleza. Matarlo había sido un error desastroso.
En cuanto Kyler descubriera su engaño y todos se dieran cuenta de que ella nunca había sido la verdadera salvadora del mundo, el castigo que le esperaba sería mucho más espantoso que el destino de los soldados que había fuera.
Si se mantenía con vida, quizá algún día se le presentara otra oportunidad de hacerse con el poder. Pero la fortaleza se había convertido en una jaula, y todos los caminos más allá de sus muros conducían directamente al enjambre de insectos.
¿Cómo podría escapar ahora?
Ella misma había destruido todas las vías de escape.
En ese momento, la puerta se abrió de golpe.
Kyler irrumpió en la habitación justo cuando Justine se agachaba para recoger el bastón. Se enderezó tan bruscamente que pareció como si le hubiera alcanzado una descarga eléctrica, y la expresión serena que intentó adoptar no logró ocultar del todo su pánico.
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