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Capítulo 195:
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El Planeta Azul, que antes no era más que un mundo de nivel medio, se elevaría por encima del resto si la profecía se cumplía. Todos los demás planetas no tendrían más remedio que ofrecer sus recursos a cambio de protección.
Lillian no reaccionó apenas ante nada de aquello. Metió la mano en su mochila, sacó varios frascos de líquido nutritivo y se los entregó a Erik y Samuel. «Esta noche turnémonos por grupos de tres. Si el rescate llega pronto, no nos quedaremos atrapados aquí mucho tiempo».
Sin dudarlo, Erik se levantó y se dirigió hacia la entrada de la cueva. «Yo haré la primera guardia».
Lillian se metió en su tienda y Samuel la siguió de cerca. El espacio era lo suficientemente amplio como para que cupiera una persona más. Tras una breve pausa, Lillian se asomó y miró a Nikolas, que seguía sentado cerca del estanque. «¿Quieres venir aquí y descansar con nosotros?».
Para un tritón como Nikolas, el agua habría sido el lugar más cómodo para recuperarse, pero se sacudió el agua de la ropa, se puso en pie y se alejó del estanque. «De acuerdo».
Tras intercambiar miradas, Cassie y Debra confirmaron en silencio lo que ya sospechaban: Nikolas y Lillian estaban, efectivamente, juntos.
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Dentro de la tienda, el espacio era reducido. Los tres acabaron apretujados, con los brazos rozándose y sus respiraciones entremezclándose.
Tras rebuscar en su bolsa, Lillian sacó una manta fina y se la echó por encima. Era demasiado pequeña para cubrir a los tres, dejando al descubierto a los dos chicos a su lado.
«Quédatela tú. Yo no tengo frío», dijo Samuel.
Sin decir palabra, Nikolas cerró los ojos y permaneció inmóvil. El frío no significaba nada para un tritón como él.
El cansancio pesaba mucho sobre Lillian después de todo lo que había vivido aquel día, desde burlar a sus rivales hasta escapar del peligro. El sueño se apoderó de ella casi en el instante en que se tumbó.
Descansando a su lado, Samuel dejó que su brazo se posara alrededor de su cintura. Incluso a través de la fina capa de tela, su calor le llegaba, aliviando la tensión en su pecho y proporcionándole una tranquila sensación de consuelo.
Poco después, Lillian se movió en sueños y se giró hacia él. Su frente se apoyó contra su hombro. Un sutil suspiro se le atascó en la garganta antes de que la abrazara con más fuerza, atrayéndola hacia sí.
Un leve bufido rompió el silencio a su otro lado.
Al abrir los ojos, Samuel se encontró con la mirada de Nikolas.
Incluso en la penumbra, aquellos ojos de color ámbar dorado delataban una clara irritación.
Aunque Nikolas permaneció en silencio, era imposible pasar por alto el descontento de su rostro mientras observaba cómo Samuel atraía a Lillian hacia sí.
Samuel tampoco respondió en voz alta, pero la mirada en sus ojos lo decía todo, como si estuviera reclamando su territorio en silencio.
Durante varios segundos, los dos se miraron fijamente, con una tensión palpable entre ellos, hasta que Nikolas finalmente apartó la mirada primero y volvió a cerrar los ojos, sin ganas de seguir con la discusión.
Samuel se quedó quieto, con la mano donde estaba, en la cintura de Lillian.
Pero la calma no duró mucho.
En cuestión de minutos, Lillian se movió de nuevo y se giró en la dirección opuesta. Su rostro se deslizó del hombro de Samuel al girarse hacia Nikolas. Sin darse cuenta, le pasó un brazo por encima y se apoyó en su costado.
El contacto hizo que Nikolas se tensara al instante.
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