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Capítulo 173:
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Para cuando llegaron a las puertas de la academia, varios vehículos flotantes de la realeza ya esperaban en el aire. Cerca de allí, Lyle estaba hablando con un hombre llamativo vestido con atuendo real.
Poco después, Justine hizo su aparición.
Se había mantenido alejada del colegio durante varios días tras el incidente de la fiesta. Ahora que había regresado, no quedaba ni un solo rastro de lesión en su rostro. Se comportaba con la misma elegancia impecable de siempre, como si nada hubiera pasado.
Con movimientos elegantes, Justine se acercó a Lyle, saludó al hombre de la realeza y pronto la acompañaron a uno de los vehículos voladores. Unos instantes después, toda la comitiva partió.
Al pasar junto a Lillian, Leanna comentó con un toque de desdén: «¿Te lo puedes creer? A alguien como ella la tratan como a un tesoro solo por ese título. Ahora todo el universo está dispuesto a pelearse por ella».
Lillian se volvió hacia ella. «Creía que vosotras dos erais amigas».
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«No tengo amigas que me tomen por tonta». Leanna le tendió la mano. «¿Qué tal si empezamos de cero?».
Lillian arqueó una ceja y le estrechó la mano.
Al ser una mujer de nivel A, Leanna compartió información útil con Lillian. «He oído que la evaluación tendrá lugar en lo más profundo de la Espesura Aberrante y durará una semana entera. No debería resultarte demasiado difícil. Buena suerte».
Una vez que Leanna se alejó, Lillian se quedó donde estaba, con la mirada fija en la dirección en la que habían desaparecido los vehículos reales.
«Todo el universo se pelea por ella…», repitió en voz baja, con tono monótono. «Eso hace que parezca menos una persona y más un objeto».
Un leve matiz de burla teñía la voz de Erik cuando respondió: «Para ellos, no hay ninguna diferencia real entre una salvadora y un objeto con el que conseguir lo que quieren».
Samuel permaneció en silencio, aunque sus dedos se apretaron ligeramente alrededor de la mano de Lillian.
Lillian miró su expresión tensa, pero decidió no decir nada más. Poco después, los tres subieron a un vehículo aéreo y emprendieron el camino de vuelta.
Durante los días siguientes, Lillian se dedicó por completo a prepararse para la evaluación.
Cada mañana, entrenaba en el pequeño patio que había fuera de su casa. Mientras daba diversas formas a su habilidad esper de hielo, también se esforzaba por fortalecer su poder espiritual, empujando sus finos hilos, parecidos a ramas, para que se extendieran más lejos.
Durante todo ese tiempo, Samuel permaneció a su lado, a veces entrenando sus habilidades de combate y otras ayudándola a practicar su capacidad de calma.
Día tras día, Lillian intentaba proyectar su poder espiritual hacia el exterior como finos zarcillos para calmar a distancia. Hubo algunos avances. Ahora podía empujarlo ligeramente más allá de su piel, como pequeños brotes que emergían hacia fuera. Aun así, estaba muy lejos de lo que ella quería. Sin contacto directo, seguía sin poder calmar a nadie.
El entrenamiento constante la dejaba agotada, pero cada fracaso no hacía más que reforzar su determinación de seguir adelante.
Cada vez que tenía un momento para sí misma, lanzaba miradas furtivas a Samuel, buscando cualquier indicio de esa presencia de la llamada «realeza» que Erik había mencionado.
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