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Capítulo 65:
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El día siguiente amaneció con una calma tensa, como el ojo de un huracán. Ethan se había marchado temprano a la oficina en la ciudad, alegando que tenía una reunión de emergencia, pero en realidad huía de la incomodidad. Iris se quedó en la casa de la playa, sintiéndose como una prisionera en una torre de marfil.
A las 10:00 de la mañana, llegó un mensajero. Llevaba una caja naranja muy característica. Hermes.
El mayordomo, Ford, se la entregó a Iris.
«Es del señor Thorne, señora».
Iris abrió la tarjeta. «Para la ganadora. Un trofeo digno. J». Dentro había un bolso Birkin de edición limitada, que valía más de lo que había costado la casa donde Iris se había criado.
Iris cerró la caja con un suspiro.
«Devuélvela, Ford».
«¿Señora?».
«No la quiero. No soy un premio que se pueda comprar».
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En ese momento, Ethan entró por la puerta principal. Había vuelto a casa para recoger unos documentos que se había olvidado. Vio la caja naranja. Vio a Iris rechazándola.
Sintió una oscura satisfacción. Julian no podía comprarla.
Pero la pequeña victoria no duró mucho.
Cinco minutos más tarde, llegó otro paquete. Este no lo trajo un servicio de mensajería de lujo. Un repartidor anónimo lo dejó en la entrada de servicio. Era un sobre grueso de manila, sellado con cinta adhesiva barata.
No había remitente, pero Iris reconoció la torpe letra con la que estaba escrito su nombre.
Se llevó el sobre a su habitación, sintiendo como si pesara una tonelada. Cerró la puerta con llave.
Lo abrió.
Las fotografías cayeron sobre la colcha blanca.
Fotos de ella a los doce años, con un ojo morado. Fotos de ella fregando platos con las manos en carne viva y sangrando. Y lo peor de todo: una foto tomada a través de la rendija de la puerta del baño, en la que aparecía desnuda en la bañera, intentando cubrirse.
Iris sintió cómo se le escapaba el aire de los pulmones. La náusea fue inmediata.
Había una nota adjunta, formada por letras recortadas de revistas, como en una película de terror barata.
10 MILLONES. EN DIAMANTES O BONOS AL PORTADOR. O ESTO IRÁ A LA PRENSA Y A TU MARIDO. TIENES 24 HORAS. ALMACÉN 4, PUERTO VIEJO. VEN SOLA.
Diez millones. Era una cantidad imposible de conseguir en efectivo. Iris tenía dinero de sus inversiones y de su trabajo como «La Cirujana», pero no podía sacar esa cantidad en billetes sin activar todas las alarmas. Y si se lo pedía a Ethan… tendría que explicarle lo de las fotos. Tendría que mostrarle su vergüenza.
No. Ethan ya la miraba con lástima, como a una víctima destrozada. Si veía esas fotos, su compasión sería insoportable. O peor aún, podría pensar que ella lo había provocado, tal y como siempre decía Evelyn.
Iris sabía que ir sola era una locura táctica. «W» nunca cometería ese error. Pero Iris Sterling, la víctima traumatizada, no pensaba con claridad. El pánico se impuso a su entrenamiento. El miedo a que Ethan viera esas imágenes concretas, imágenes que la reducían a un objeto sucio, nublaba su juicio estratégico. No quería ganar. Solo quería que desaparecieran.
Iris tomó una decisión.
Llamó a su gestor financiero secreto en Suiza.
«Liquida la cuenta “Phoenix”. Todo. Ahora mismo. Compra diamantes de inversión certificados en la casa de subastas local a nombre de la sociedad pantalla. Los recogeré dentro de una hora».
«Señora, perderá un 40 % en penalizaciones por retirada anticipada y comisiones de emergencia».
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