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Capítulo 376:
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Ethan se levantó lentamente. El dolor de su rostro se endureció, transformándose en una furia volcánica. Las lágrimas se secaron, sustituidas por el fuego de la venganza.
Se volvió hacia Scarlett, que retrocedía por el suelo encerado, revolviéndose como un animal acorralado.
«¡Guardias!», gritó Ethan. Su voz resonaba con la autoridad de un hombre que controlaba la mitad de Boston.
Los guardaespaldas de la familia Kensington, que habían estado observando atónitos y desconcertados, entraron en acción. Dos hombres enormes con trajes oscuros se abalanzaron hacia delante. Jax encabezó la carga.
«Detengan a esa mujer», ordenó Ethan, señalando a Scarlett. «Asesinato. Conspiración. Fraude. Quiero a la policía aquí en cinco minutos. Y aseguraos de que las pruebas digitales de la señorita Quinn lleguen al fiscal».
«¡No! Ethan, amor mío, ¡escúchame!», chilló Scarlett, aferrándose a la pierna de uno de los guardias. «¡Lo hice por amor! ¡Tenía miedo de perderte! ¡Mamá me obligó!».
«¡Mamá, ayúdame!», gritó Scarlett, mirando a Evelyn.
Evelyn Sterling intentó dar un paso adelante, esforzándose por recuperar su compostura aristocrática.
«Ethan, esto es un malentendido. Podemos hablar en privado… Esas imágenes fueron manipuladas».
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Ethan la miró con ira. Si las miradas mataran, Evelyn se habría convertido en cenizas.
«Tú también, Evelyn», pronunció. «Cómplice. Lo sabías todo. Me vendiste la mentira. Tú mataste a Richard. Guardias, sujetadla también a ella».
Blake Sterling, tío de Iris, intentó recuperar el control, sudando profusamente.
«Ethan, por favor, esto es un asunto familiar. No provoquemos un escándalo público. Pensad en las acciones de la empresa…»
«¡Ya no son mi familia!», le interrumpió Ethan. «Y en cuanto a las acciones, preparaos. Voy a gastar hasta el último céntimo de mi fortuna en destruiros».
Ethan se volvió hacia el equipo médico, que lo miraba atónito.
«Nadie se va hasta que llegue la policía», declaró Ethan. «Quiero declaraciones juradas de todos los que trataron a Scarlett y encubrieron su falsa enfermedad».
Se volvió hacia Iris, esperando ver alivio, gratitud… quizá incluso una sonrisa. Esperaba que ella corriera a refugiarse en sus brazos ahora que la verdad había salido a la luz y él había tomado el control.
Pero Iris no se movió. Estaba mirándose la manicura, aburrida.
Ese pequeño y trivial gesto le dolió a Ethan más que cualquier grito. Ella no se sentía aliviada porque él la hubiera «salvado». Se había salvado a sí misma. Él era irrelevante.
«Ahora que el espectáculo ha terminado, me voy», dijo Iris, dándose la vuelta.
Ethan se apresuró a interponerse en su camino.
«¿Te vas? Pero… Iris, espera. Ya está hecho. Lo pagarán. Te he vengado. Podemos arreglar esto. Te compensaré. Te daré el mundo».
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