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Capítulo 363:
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Dentro de la habitación, el caos comenzó a remitir… poco a poco.
Julian estaba sentado en el borde de la cama, sosteniendo las manos de Iris. Iris temblaba violentamente, con la mirada fija en la puerta como si esperara que un monstruo la derribara de un golpe.
—Se ha ido, Iris. Jax está fuera. Ethan no va a entrar —le aseguró Julian.
Iris respiró hondo, y el aire silbó al pasar por sus pulmones magullados.
—Lo firmó… el médico me dijo que él lo ordenó… —balbuceó Iris.
—Era una mentira, cariño. Manipulación —dijo Julian con firmeza—. Ethan es un idiota —ciego y arrogante—, pero estaba destrozado ahí fuera. Eleanor casi le parte la cara de una bofetada. Él no lo ordenó, Iris. Pero sus enemigos se aprovecharon de su dinero y de su rabia.
Iris parpadeó. Le costó asimilar las palabras.
«¿Su dinero?».
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«Eleanor cree que Scarlett utilizó los fondos que Ethan sigue enviando para su “tratamiento” para pagar todo esto».
Iris cerró los ojos. Una lágrima ardiente le resbaló por la mejilla. La ironía era tan cruel que casi invitaba a reír: Ethan financiando el intento de asesinato de su propia hija mientras creía que estaba salvando a su “amor de la infancia”.
«No va a parar, Julian». Iris abrió los ojos, y en ellos había una nueva claridad: fría, aguda. «Mientras Ethan siga creyendo que ella es una víctima enferma, seguirá intentando matarme».
—Tenemos que decírselo a Ethan. Tenemos que mostrarle pruebas.
—¿Qué pruebas? —Iris se tocó el labio partido—. El médico está detenido, pero no va a hablar. Scarlett está «enferma» en algún lugar seguro. Ethan lo calificará de malentendido, o culpará solo a Evelyn. Siempre encuentra una excusa para perdonarla.
Iris apretó los puños contra las sábanas blancas.
«No puedo seguir haciendo de víctima, Julian. Hoy casi pierdo a mi hijo por confiar en la justicia y la decencia. Se acabaron las reglas».
«¿Qué vas a hacer?», preguntó Julian, con la voz tensa por la preocupación.
«Voy a destruir su coartada», dijo Iris, y su tono se volvió monótono, desprovisto de emoción. «Scarlett se esconde tras su enfermedad. Afirma que se está muriendo para que Ethan permanezca encadenado a ella por la culpa. Bien. Entonces la trataremos».
«¿Tratarla?»
«Soy “La Cirujana”, ¿recuerdas?», Iris miró fijamente hacia la ventana, donde la noche se cernía sobre la ciudad. «Si está tan enferma como dice, necesitará atención médica especializada. Voy a ofrecerme a revisar su caso. Voy a forzar una evaluación médica pública. Y cuando demuestre que su corazón está tan sano como podrido… … a Ethan no le quedará ningún lugar donde esconderse».
«Iris, eso es peligroso. Te estás metiendo en la boca del lobo».
«Es la única manera». Iris se llevó una mano al vientre. «Voy a volver a esa mansión. Dejaré que Ethan crea que estoy destrozada y sumisa. Y mientras baja la guardia, prepararé el quirófano para la autopsia de sus mentiras».
Afuera, el pasillo estaba sumido en un silencio sepulcral. Ethan seguía en el suelo, de espaldas contra la pared. No había consuelo para él. Sabía que, aunque Iris sobreviviera, algo entre ellos había muerto esa noche en aquella fría clínica.
Su teléfono vibró en el bolsillo. Un mensaje de un número desconocido.
Tu mujer ha tenido suerte. La próxima vez, asegúrate de que tus cheques no sean sin fondos.
Ethan aplastó el móvil con el puño hasta que la pantalla crujió. No era Evelyn. Era otra persona, alguien que disfrutaba del juego.
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