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Capítulo 194:
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Ethan cerró los ojos, como si la última pieza del rompecabezas hubiera encajado dolorosamente en su sitio.
«Sí. Agujas. Scarlett nunca pudo explicar cómo desapareció el dolor. Tú sí pudiste».
La besó.
No fue un beso de furia como el de la noche anterior. Fue un beso de descubrimiento, lento y profundo, lleno de una dulce melancolía. Sus labios se deslizaron sobre los de ella con una reverencia que Iris nunca había experimentado.
Por un momento, Iris se permitió responder. Se permitió olvidar el dolor, las mentiras, a Serena. Se permitió ser solo la mujer que amaba a aquel hombre destrozado. Sus manos se deslizaron hasta su cuello, enredándose en su cabello oscuro. Ethan gimió y profundizó el beso, atrayéndola hacia su regazo.
Entonces sonó el móvil de Iris.
El agudo tono de llamada rompió el hechizo como un martillo golpeando cristal.
Iris se apartó, jadeando. Ethan apoyó la frente contra la de ella, también sin aliento.
—Contesta —dijo con voz ronca—. Antes de que tire ese maldito móvil por la ventana.
Iris buscó su móvil en el bolso. Era un número desconocido.
«¿Hola?»
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«¿Sra. Kensington? Soy el detective Miller, del Distrito 4. Tenemos novedades sobre su amiga, la Srta. Davis».
La realidad volvió a imponerse. Iris se enderezó y se alisó la falda.
«Soy Iris Sterling. ¿Qué le ha pasado a Chloe?»
«La han puesto en libertad. Se han retirado los cargos. La denunciante… la Srta. Serena Miller… admitió que pudo haber habido un error».
Iris miró a Ethan. Él la observaba con atención.
«Gracias, detective. Iremos a recogerla».
Colgó.
«Chloe está libre. Serena ha retirado los cargos».
Ethan sonrió, pero no era una sonrisa amable. Era la sonrisa de un tiburón que huele sangre en el agua.
«Claro que lo ha hecho. Liam debe de haber encontrado algo interesante. Vámonos».
La comisaría del Distrito 4 olía a café rancio y a desesperación.
Ethan e Iris entraron juntos. Su presencia combinada —él con su aura de poder oscuro, ella con su fría elegancia— hizo que la sala de espera se quedara en silencio.
Chloe salió por una puerta lateral, acompañada por el abogado de Ethan. Parecía agotada, pero ilesa.
«¡Iris!», exclamó Chloe, que corrió hacia ella y abrazó a su amiga.
«Se acabó. Estás a salvo», le susurró Iris al oído.
En ese momento, la puerta se abrió de nuevo y salió Serena. Iba en una silla de ruedas, empujada por una enfermera, con el tobillo fuertemente vendado y gafas de sol oscuras puestas, a pesar de que llovía.
Al ver a Ethan, Serena se quitó las gafas y soltó un sollozo teatral.
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