✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 171:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Se dio la vuelta. Llevaba la espalda recta y la cabeza alta. La dignidad era lo único que le quedaba, y no iban a quitársela.
«Iris…» Ethan dio un paso involuntario hacia el pasillo, con la mano extendida.
Scarlett se interpuso en su camino, bloqueando la puerta.
«Déjala ir, Ethan. Ya lo has dicho. Se acabó. Recuerda lo que está en juego».
Ethan se detuvo, apretando los dientes hasta que le dolió la mandíbula. Vio cómo el ascensor se tragaba a Iris. Sintió que una parte vital de sí mismo se marchaba con ella.
—Fuera —dijo Ethan, volviéndose hacia Scarlett con una mirada asesina—. Fuera de mi despacho. Todos. Si me volvéis a amenazar, juro que lo quemaré todo, incluso a vosotros.
Aquella noche, Iris regresó a su piso. No encendió las luces. Se sentó en el suelo del baño, con la espalda apoyada contra la fría bañera.
Sacó una vieja foto de su cartera. Una foto borrosa de ella y Ethan en su boda, en la que él no sonreía, pero la miraba.
Encendió un mechero. Acercó la llama a una esquina de la foto.
Vio cómo el papel se ennegrecía y se curvaba, vio cómo la imagen de Ethan se retorcía y se desvanecía en cenizas. Cuando el fuego le llegó a los dedos, la dejó caer en el lavabo y abrió el grifo.
𝘙𝘦cо𝗺iе𝘯𝗱𝖺 𝗇𝗼𝘃𝘦𝗹as𝟰𝖿𝗮𝗻.𝗰𝘰𝘮 a 𝘁𝗎𝘴 а𝘮𝘪𝘨os
El agua se llevó las cenizas.
Entonces la embistió una oleada de náuseas. Fuerte. Violenta.
Iris se inclinó sobre el inodoro y vomitó bilis.
Se quedó allí, jadeando, con la frente apoyada en la fría porcelana.
«Es el estrés», se dijo a sí misma. «Solo es el estrés».
Pero entonces su mente médica, esa mente que nunca descansaba, empezó a hacer cálculos.
La fecha. Su ciclo. Aquella noche en la mansión.
No habían usado protección.
Un escalofrío de puro terror le recorrió la espalda.
Se puso de pie y se miró en el espejo. Estaba pálida, con los ojos desorbitados.
«No», susurró. «Por favor, Dios, no. Que no sea suyo. Ahora no».
Miró el reloj. Las farmacias de guardia aún estaban abiertas.
Tenía que comprar la píldora. El Plan B. Aún estaba dentro del plazo de cuarenta y ocho horas.
Aún a tiempo.
La luz fluorescente de la farmacia parpadeaba con un zumbido irritante. Iris se ajustó las gafas de sol y se subió el cuello del abrigo, intentando hacerse invisible. Se sentía como una delincuente.
Se acercó al mostrador. La farmacéutica, una mujer mayor de rostro severo, la miró por encima de las gafas.
«¿En qué puedo ayudarla?»
.
.
.