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Capítulo 14:
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El ático de Scarlett era un monumento al exceso. Ethan se quedó rígido mientras Scarlett intentaba besarle el cuello.
—Scarlett, ya basta —dijo Ethan, apartándola con firmeza—. Estás «herida». Deberías descansar.
El sarcasmo en la palabra «herida» no fue intencionado, pero Scarlett se dio cuenta. Apretó los puños a la espalda.
«Pero te necesito», se quejó ella. «¿Es que no me quieres?»
Ethan la miró desde arriba. Su mente agotada le trajo de vuelta la imagen de Iris en el suelo del pasillo, murmurando algo sobre monstruos. Había algo genuino en aquel terror que aquí no estaba. Cuando Scarlett intentó besarlo en la boca, Ethan apartó la cara. El beso le dio en la mejilla.
Scarlett se quedó inmóvil.
—Estoy cansado —dijo Ethan, dando un paso atrás—. Y tú necesitas un médico.
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Sacó el móvil y llamó a Liam. —Envía un médico al ático de Scarlett. Y una enfermera para que se quede toda la noche. Asegúrate de que no se quede sola.
—Entendido, señor —respondió Liam—. ¿Y la señora Iris? La seguridad de la villa informa de que no hay movimiento en la habitación de invitados. ¿Quieres que vayan a comprobarlo?«
La pregunta golpeó con fuerza a Ethan. La había dejado allí. «Eso no es asunto tuyo», espetó, odiándose a sí mismo por el pánico repentino. «Ocúpate de Scarlett».
Colgó. Scarlett intentó abrazarlo de nuevo. «Te quiero, Ethan. Nunca te dejaré como ella lo hizo. «
Las palabras sonaban vacías. Sonó el timbre. Había llegado el equipo médico.
«Tengo trabajo», mintió Ethan, escapando del piso.
Se subió al coche. Debería haber ido a la oficina. Pero sus manos giraron el volante hacia la villa. Condujo rápido, saltándose semáforos en rojo. Una ansiedad irracional le oprimía el pecho. Que esté allí. Que esté dormida.
Llegó a la villa y corrió hacia la habitación de invitados. La puerta estaba bloqueada por dentro.
«¿Iris?», gritó golpeando la madera. «¡Abre!».
Silencio.
Ethan dio una patada a la puerta, rompiendo la barricada de sillas. Entró. La cama estaba vacía. Las sábanas de seda estaban hechas trizas. Sus ojos se dirigieron a la ventana abierta. Vio la cuerda de tela rasgada atada al radiador.
Se asomó. Abajo, solo había oscuridad.
—Se ha ido —susurró Ethan.
Miró a su alrededor. Vio el dinero que había dejado sobre la mesa del pasillo, intacto. No se había llevado ni un solo céntimo. Simplemente había huido. La culpa se apoderó de él, pesada y fría. Iris no era una adicta en busca de dinero para drogas. Era alguien desesperada por escapar de él.
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