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Capítulo 483:
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Retiró las capas y descubrió varias cajas más pequeñas dentro.
La primera, una elegante caja de terciopelo negro, sellada con una cinta, contenía un par de deslumbrantes pendientes de esmeraldas.
Estas gemas brillaban con una claridad inigualable, con una superficie impecable y atractiva.
A continuación, descubrió una pulsera, a juego con los pendientes, cuyo tacto era cálido y reconfortante.
Debajo, una caja un poco más grande contenía un elegante bolso de mano con perlas. Confeccionado con una suave tela azul y salpicado de pequeñas perlas brillantes, era la sofisticación personificada.
La última caja, la más grande, situada en el fondo, contenía un par de zapatos de tacón alto, envueltos en suave terciopelo.
Estos zapatos de un blanco inmaculado, adornados con pequeños fénix dorados, eran el epítome de la elegancia discreta.
Evidentemente, no se trataba solo de regalos, sino de complementos pensados para su vestido de esa noche.
El benefactor era, sin lugar a dudas, Bobby. Solo él sabía qué vestido iba a llevar al banquete.
Impresionada por su impecable gusto, Fernanda se vio interrumpida por el zumbido de su teléfono: era un mensaje de Bobby en WhatsApp: «Fernanda, te recojo mañana a las cinco de la tarde».
Ella respondió rápidamente: «A las cinco perfecto. ¡Gracias por las sorpresas!». Bobby le contestó enseguida: «¿Tan pronto? Están muy espabilados».
Fernanda dejó a un lado el teléfono y se sumergió de nuevo en la programación.
Pero poco después, otro paquete llegó a la puerta de su casa.
Esta vez era un abrigo marrón oscuro con cuello, perfecto para el frío que hacía fuera. Aunque tenía su propio abrigo, la calidad del tejido del regalo de Bobby era demasiado tentadora como para dejarlo pasar.
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Decidió que le pagaría los gastos a Bobby después del banquete.
Al día siguiente, tras un desayuno ligero y una siesta refrescante, Fernanda comenzó con los preparativos.
Su maquillaje era sutil, pensado para resaltar sus rasgos sin eclipsar su belleza natural.
Recogió su brillante y ondulado cabello en un elegante moño bajo en la nuca y se puso los elegantes accesorios que Bobby le había enviado. Contenta con su reflejo —elegante, serena y radiante de un lujo discreto—, miró la hora. Eran casi las cinco.
Con el bolso de mano en la mano, se puso el abrigo y bajó las escaleras.
En ese momento, Ector salió de su habitación y sus ojos se iluminaron al ver a Fernanda, con una mirada de pura admiración. A los ojos de Ector, Fernanda era el epítome de la elegancia discreta, ya que solía vestir con atuendos que reflejaban sus inquietudes intelectuales en lugar del glamour de la alta sociedad.
Sin embargo, esa noche era diferente.
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