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Capítulo 477:
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La expresión de Fernanda se tambaleó y sus ojos se llenaron de lágrimas mientras reprimía una oleada de dolor punzante.
En el pintoresco pueblo de su juventud, Fernanda compartía hogar con Hiram, rodeada principalmente de ancianos. No muy lejos, la acogedora casa de Darrell Gibson se encontraba entre el resto.
Darrell, el sastre local, era una figura familiar, a menudo se le veía ajustando prendas para los aldeanos.
Fernanda sabía que la destreza de Darrell con la aguja iba más allá de los simples arreglos; su experiencia en la confección de exquisitos vestidos de gala se había perfeccionado a lo largo de generaciones.
A pesar de su habilidad, el estilo de vida sencillo del pueblo y la ocupación rústica de la mayoría de las mujeres como agricultoras hacían que hubiera poca demanda de tales galas.
Para hacer frente a la escasa demanda, el inventario de vestidos de gala que Darrell tenía en su poder disminuyó progresivamente. En sus visitas a casa, Fernanda solía ver a Darrell sentado en un taburete de piedra junto a la puerta de su casa, absorto en un viejo cuaderno lleno de bocetos de vestidos de gala. Reconocida por los ancianos como una niña educada y considerada, Fernanda era muy querida en el pueblo. Darrell le revolvía cariñosamente las coletas y le decía con una cálida sonrisa: «Querida, estoy deseando que crezcas. Cuando lo hagas, todos esos elegantes vestidos de gala serán tuyos».
Para la joven Fernanda, esos vestidos de gala eran sencillamente magníficos, y se encontró deseando crecer más rápido. Sin embargo, antes de que pudiera madurar lo suficiente para lucirlos, la familia de Darrell se vio obligada a trasladarse.
Hiram explicó que Darrell ya no podía quedarse de brazos cruzados mientras el arte de la confección tradicional se desvanecía en el olvido. Una artesanía tan rica culturalmente merecía ser preservada.
Desgraciadamente, su pequeño pueblo no ofrecía ningún futuro para tales ambiciones. El traslado a una ciudad más grande era imprescindible para mantener y celebrar la artesanía ancestral.
El día que se despidió de Darrell, Fernanda exclamó con una sonrisa radiante: «Darrell, cuando sea mayor, te encontraré. ¡Promoveré la elegancia de los vestidos formales!».
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Darrell y su familia no pudieron evitar reír con calidez, con los ojos llenos de cariño mientras la observaban.
Darrell se rió con ganas: «Te estaré esperando, Fernanda. ¡Juntos lo conseguiremos!».
Incluso el joven Jalen intervino con tono reflexivo: «Si una niña tan joven está tan decidida, ¡sin duda hay esperanza para el futuro!».
En ese instante, Fernanda captó un destello de promesa en la mirada de Darrell.
Pasó el tiempo después de que Darrell y su familia se marcharan, y pasó bastante tiempo antes de que recibiera noticias suyas. La carta que finalmente recibió incluía su nueva dirección en Esaham, invitándola a ella y a Hiram a visitarlos cuando se encontraran por la zona.
Fernanda grabó esa dirección en su memoria.
Los años pasaron y no fue hasta ahora que encontró la oportunidad de visitarlos.
Mientras recordaba, Fernanda compartió estos emotivos recuerdos con Bobby.
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