✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 362:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
—Fernanda, hemos traído a los chicos que atacaron a tu hermano. ¿Quieres verlos? —preguntó.
Fernanda asintió. —Que pasen.
Eran más o menos de la edad de Kevin, con heridas menos graves, pero aún evidentes. El líder del grupo, que estaba al frente, vio a Kevin. Su expresión se ensombreció y, sin previo aviso, se abalanzó sobre él con el puño levantado. Kevin, todavía aturdido, se quedó paralizado, viendo cómo el puñetazo se abalanzaba sobre él. Sin embargo, el golpe nunca llegó. Fernanda ya había agarrado al chico por el cuello, deteniéndolo en seco.
«¿Todavía tienes ganas de pelear?», preguntó con voz gélida.
Los ojos del chico se agrandaron al verla, pero su sorpresa se convirtió rápidamente en ira. En represalia, intentó agarrarla del pelo.
—¡No! —gritó Kevin, saliendo de su aturdimiento por el pánico.
La habitación se sumió en el caos cuando los otros chicos empezaron a gritar, y sus voces se extendieron por el pasillo, alertando a Soren. Preocupado, Soren entró corriendo, solo para encontrar a uno de los chicos inmovilizado bajo la mesa de cristal, con el pie de Fernanda firmemente plantado en su espalda. Fernanda miró rápidamente a Soren, esbozando una leve sonrisa.
—Es muy terco —dijo con frialdad—. No me extraña que mi hermano lo tuviera tan difícil con él.
Su referencia casual a Kevin como «hermano» le causó una sacudida inesperada y su corazón se aceleró.
Soren levantó la mano y sus hombres dieron un paso adelante, inmovilizando rápidamente al grupo de chicos.
—¿Sabes siquiera quién soy? —gritó el chico que estaba debajo de la mesa, sin perder su bravuconería.
Fernanda se había acostumbrado a esa bravuconería vacía durante su estancia en Zhota, y ahora apenas le afectaba.
—No me importa quién seas. Has golpeado a mi hermano, así que te disculparás —dijo con desdén.
Actualizaciones diarias desde ɴσνє𝓁α𝓼4ƒα𝓷.c♡𝓂 antes que nadie
—¿Disculparme? ¿A él? —El chico escupió al suelo, con el rostro desencajado por el desprecio—. ¡No se lo merece!
—Si no te disculpas voluntariamente, te obligaré a hacerlo —respondió Fernanda, con la voz tan firme como siempre—. Esto empezó contigo y tú eres el culpable.
La verdad era simple: el chico había insultado a Erika y Kevin había intervenido para defenderla. La culpa era claramente del chico.
—¡No me das miedo! —El chico, que no tenía más de quince años, sonrió con la arrogancia de alguien intocable. Fernanda se acercó, mirándolo con ira.
Él la miró desafiante, con voz llena de arrogancia—. Soy de la familia Reed de Litdence. Si me pones un dedo encima, desaparecerás sin dejar rastro.
Fernanda se detuvo en seco, con la mente a mil por hora.
La mención de la familia Reed de Litdence la dejó perpleja. ¿Podría este chico estar emparentado con Cristian? Y lo que era más importante, ¿sabía Cristian que tenía un pariente tan odioso?
Al notar su vacilación, el chico sonrió con aire burlón, dando por sentado que el apellido de su familia la intimidaba.
.
.
.