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Capítulo 957:
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Apretando los dientes, Robert corrió tras Selma y la agarró del brazo. Pero ella soltó la barandilla.
Con un grito ahogado, Selma perdió el equilibrio y cayó rodando por las escaleras, su cuerpo dando vueltas como un muñeco de trapo. Golpeó el suelo con un ruido sordo y nauseabundo, quedando inmóvil.
La habitación quedó en silencio. El caos desapareció en un instante. Durante una fracción de segundo, nadie se movió, hasta que los gritos de Michelle y Erika desgarraron el aire.
Ector fue el primero en reaccionar. Empujando a las demás, cogió a Selma en brazos y salió corriendo hacia la puerta, con movimientos rápidos y decididos.
Erika tropezó tras él, pero al acercarse a Fernanda, se quedó paralizada. Su rostro bañado en lágrimas se contorsionó de furia.
—¿Ya estás contenta? —chilló con la voz quebrada por la emoción—. ¡Has hecho daño a mi abuela! ¿Es esto lo que querías?
Fernanda permaneció impasible, con una expresión indescifrable mientras dirigía la mirada hacia Erika. —¿Le he puesto una mano encima? —Su voz era tranquila, casi indiferente—. Si se hubiera marchado, nada de esto habría pasado.
Inclinó ligeramente la cabeza y agudizó la mirada. «Sabes perfectamente de quién es la culpa».
Entonces, su mirada se posó en Robert. Este permanecía rígido en las escaleras, con el rostro inexpresivo mientras asimilaba el caos que se desataba a su alrededor.
Erika, visiblemente conmocionada, miró a Robert. Se le quedó el rostro pálido antes de darse la vuelta y salir corriendo.
Robert se quedó un momento, aturdido, antes de seguirla.
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La casa, antes llena de caos, había quedado sumida en un silencio inquietante. Fernanda se dejó caer en el sofá, exhalando lentamente, como si liberara los últimos restos de tensión.
Cristian le tomó la mano, con un apretón firme y cálido. Ella se volvió hacia él, levantando ligeramente las cejas. —¿Qué pasa?
Antes de que pudiera responder, la voz de Leon se interpuso, ligera y burlona.
—Jefe, felicidades por deshacerte de la basura. ¿Qué tal si vamos a Zero Degree a celebrarlo?
Los labios de Fernanda esbozaron una sonrisa burlona. —Me parece perfecto. Me vendría bien uno.
Fernanda se recostó, dejando que la realidad se asentara. Lo había conseguido. Robert y su familia se habían ido. El primer paso de su plan estaba completado.
Ahora solo quedaba seguir adelante.
La puerta se abrió y Kevin entró.
Se dejó caer en el sofá frente a ella, con expresión indescifrable. —Quiero irme a casa.
Habían pasado días desde que se marchó de casa. Fernanda había dispuesto que se quedara en Zero Degree.
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