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Capítulo 753:
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El corazón de Neal dio un vuelco al oír sus palabras.
Su mente divagó, no solo pensando en sus amigos y compañeros de clase, sino también en la única persona a la que nunca se había atrevido a decepcionar: su novia por Internet. Neal no podía quitarse de la cabeza la preocupación de que ella pudiera encontrarlo repulsivo. Sus palabras, llenas de calidez y admiración, siempre lo habían hecho sentir especial. Pero ahora, una duda persistente se había arraigado en su mente. Si alguna vez descubría quién era su padre, ¿seguiría sintiendo lo mismo? ¿Seguiría gustándole, sabiendo la oscuridad que rodeaba a su familia? Tan pronto como ese pensamiento lo atravesó, un agudo dolor de culpa le oprimió el pecho.
Era imposible que siguiera sintiendo lo mismo. Ella era demasiado pura, demasiado inocente, demasiado buena para él. Él, en cambio, no era más que un producto de su entorno, mancillado y agobiado por un pasado del que no podía escapar. No se merecía a alguien como ella.
Si hubiera sabido las consecuencias, nunca habría confesado sus sentimientos de forma tan imprudente ayer, llamando la atención sobre él y ella. En lugar de verse envuelto en este lío, debería haber dejado que las cosas se enfriaran poco a poco.
—No le importa a nadie, de verdad —dijo Fernanda, ofreciéndole una sonrisa amable—. ¿Tienes hambre? Te invito a comer.
Neal dudó, con evidente incomodidad en los ojos. Lo pensó un momento antes de negar suavemente con la cabeza. —No, gracias. —La idea de salir de la habitación le parecía demasiado.
—¿No te duele el estómago después de beber toda la noche? —preguntó Fernanda con preocupación—. ¿Cuánto tiempo piensas quedarte aquí? ¿Cuándo vas a enfrentarte al mundo?
«¿Otra vez? Si lo manejas con calma, demostrarás que no tienes nada que ocultar. Cuanto más actúes como si no te importara, menos se preocuparán los demás».
Neal apretó los labios mientras miraba a Fernanda, con los ojos enrojecidos que le daban un aspecto casi desgarrador de impotencia y dolor.
«Vamos», dijo Fernanda con suavidad, dándole un ligero empujón en el hombro. «Estoy aquí. Me aseguraré de que no te pase nada malo».
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Sus palabras eran firmes, inquebrantables, un soplo de esperanza que disipó las dudas de Neal. Era increíble, casi sobrehumana. Con ella a su lado, no había nada que temer.
«Te lo dije desde el principio, siempre seré la que esté a tu lado y afronte cualquier problema de frente. Te protegeré». Ya de pie, Fernanda lo miró con una mirada tranquila pero firme. «Levántate. Nos vamos».
Hoy llevaba un sencillo chándal gris claro, el pelo recogido en un moño alto, y desprendía una frescura y una energía que encajaban con su actitud segura. Su juventud era evidente, pero la determinación de su postura desmentía su edad.
Era dos años más joven que él, pero allí estaba, hablando con la fuerza y la convicción de alguien mucho mayor que ella, prometiendo protegerlo. Nadie le había dicho nunca esas palabras, ni siquiera sus padres. Pero ella sí.
Neal tragó saliva, con el corazón retorcido por una emoción que no lograba identificar.
—Ahora vuelvo —dijo en voz baja—. Tengo que cambiarme. Fernanda asintió con la cabeza.
Mientras Neal se retiraba al baño con su ropa, Fernanda se ocupó de recoger las botellas y latas esparcidas por la habitación y meterlas en una bolsa.
Cuando Neal salió por fin, con el pelo húmedo aún pegado a la frente, encontró a Fernanda de pie delante de su ordenador, con las manos firmemente plantadas en las caderas.
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