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Capítulo 711:
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Sin desanimarse, Hertha siguió adelante, ahora con las dos manos, pero él seguía sin cambiar.
Un nudo de ansiedad se formó en el pecho de Hertha. ¿De verdad Vinson había perdido todo interés en ella? ¿Ya no le importaba en absoluto?
Vinson no siempre había sido así. Hubo un tiempo en el que disfrutaba de su compañía y encontraba consuelo en su presencia. En esos momentos, ella podía pedirle cosas y, cuando él estaba de buen humor, rara vez se negaba. Así era como había acumulado tantos recursos a lo largo de los años.
Ahora, sin embargo, las secuelas del incidente anterior aún persistían y afectaban a su carrera. A pesar de los intentos de la empresa por conseguirle trabajo, muchas marcas seguían sin atreverse a colaborar con ella. Las que estaban dispuestas a hacerlo eran marcas desconocidas o con poco prestigio o reconocimiento. Incluso su empresa había empezado a impacientarse, instándola a encontrar una solución por su cuenta o arriesgarse a que la abandonaran por completo.
El pánico se apoderó de Hertha. ¿Qué podía hacer ella sola? La industria del entretenimiento estaba llena de caras nuevas, mujeres más jóvenes y más guapas. Era solo cuestión de tiempo que otra persona acaparara el protagonismo. La industria era demasiado pequeña para dar cabida a todas. Con otras personas acaparando todas las oportunidades, ¿qué le quedaría a ella?
Desesperada, Hertha buscó a Vinson. Sabía que estaba en el centro comercial para inspeccionar una nueva tienda para su empresa de ropa, y con esa información, lo esperó.
Cuando Vinson entró en el baño, ella no dudó en seguirlo.
En los breves instantes que transcurrieron, un torbellino de pensamientos inundó la mente de Hertha. La presión de la dura competencia, el trabajo implacable… todo le resultaba asfixiante. No veía ningún rayo de esperanza en el horizonte. Si esto continuaba, sabía que su lugar en el mundo del espectáculo pronto desaparecería. Sus fieles fans la abandonarían tan rápido como la habían acogido, trasladando su adoración a la siguiente estrella en ascenso. Dejar la industria del entretenimiento no era una opción. Sin el brillo y el encanto de esta vida, no sabría cómo sobrevivir.
El pensamiento golpeó a Hertha como una ola, y se aferró a la cintura de Vinson, apretando sus brazos alrededor de él.
«Sr. Turner…», su voz temblaba, frágil y llena de necesidad. «Por favor, solo una vez más… ¿me ayudará de nuevo?».
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Las lágrimas brotaron de los ojos de Hertha y rodaron por sus mejillas, cálidas e implacables, empapando el pecho de Vinson.
—No puedo sobrevivir sin usted —dijo Hertha entre sollozos, con el rostro enrojecido por la emoción y la voz temblorosa. Lo miró como un pájaro indefenso, con los ojos rojos suplicantes—. Por favor, solo una vez más. Se lo compensaré.
Vinson bajó la mirada y su voz cortó el aire, firme pero fría. —¿Cómo exactamente? —Sus palabras fueron directas, su tono inquebrantable—. Antes me ofreciste tu cuerpo. Pero ahora… eso ya no me interesa. ¿Qué más puedes ofrecerme?
Vinson no era un hombre que se dejara llevar por aventuras pasajeras. Hertha siempre había sido la única mujer en su vida. Para él, las relaciones eran transaccionales, basadas en el beneficio mutuo. Era un intercambio sencillo: ella satisfacía sus necesidades físicas y obtenía recursos a cambio. Pero ahora ya no necesitaba a Hertha. Los términos de su acuerdo ya no se aplicaban.
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