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Capítulo 529:
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Marcus se sonrojó, y un rubor irregular le subió por el cuello. Dejó el vaso sobre la mesa con un poco demasiada fuerza. «Es medicinal. Para la digestión. Un pequeño capricho en mis últimos días».
«Cuidado», advirtió Damon con voz gélida. «Los caprichos matan. Especialmente cuando estás fingiendo».
Damon le acercó una silla a Vesper. «Siéntate».
Vesper se sentó. Se sintió pequeña. Rodeada de lobos.
Damon se sentó a su lado. No a la cabecera de la mesa. A su lado. Como un escudo físico.
Servieron la sopa. Vesper se quedó mirándola fijamente.
Damon cogió su cuchara. Luego cogió la de ella. Se la puso en la mano.
«Come», le susurró. «No dejes que vean que te mueres de hambre».
«El Departamento de Justicia está husmeando por culpa de ella», dijo Marcus, recuperando la compostura. «Antimonopolio. Porque compraste su pequeña empresa de juguetes. Grant está cerrando un trato, Damon. Te va a sacrificar para salvar su propio pellejo».
Damon apuntó con el cuchillo a su tío. «Si vuelves a hablar con ella, Marcus, te quitaré la pensión. Te quitaré tus acciones y te dejaré en la indigencia».
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Marcus se puso morado. «No te atreverías».
«Pruébame».
Damon se volvió hacia la silla vacía donde solía sentarse su padre. «La época en la que los Sterling cedían ante la presión ha terminado».
El silencio se apoderó de la mesa. El único sonido era el tintineo de la platería contra la porcelana.
Vesper miró a Damon. Estaba comiendo con calma, cortando la carne con precisión.
La estaba defendiendo. Estaba amenazando a su propia familia por ella.
Pero al mirar a su alrededor, en aquella sala opulenta y asfixiante, se dio cuenta de la verdad. La estaba defendiendo, sí. Pero también la estaba aislando. Había hecho todo lo posible para que ella no tuviera aliados en aquella casa, ni amigos en la ciudad, ni teléfono, ni voz.
Solo estaba a salvo con él.
Y eso era exactamente lo que él quería.
Damon le puso una mano en la rodilla, debajo de la mesa. Era pesada, cálida, posesiva.
—¿Lo ves? —susurró, inclinándose hacia su oído—. Estás a salvo. Te tengo a ti.
Vesper bajó la mirada hacia su sopa. Sintió cómo una lágrima le resbalaba por la nariz y caía en el caldo.
«Te tengo a ti», dijo él.
«Te he atrapado», oyó ella.
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