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Capítulo 289:
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La luz de la mañana se reflejaba en la nieve del exterior, llenando la pequeña habitación de un resplandor cegador.
Vesper se despertó arropada. Estaba enredada entre los brazos de Damon. La fiebre le había bajado; su piel estaba fría contra la de ella.
Intentó deslizarse para salir de debajo de su brazo.
«¿Te vas a algún sitio?»
La voz de Damon sonaba pastosa por el sueño, pero clara.
Vesper se quedó paralizada. «Tengo que ver cómo está Harper. ¿Está aquí?»
«Thorne se puso en contacto por radio con el posadero anoche», murmuró Damon, acariciándole el cuello con la nariz. «La encontraron en la cabaña. Tiene moratones, pero está a salvo.
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La sacaron con una máquina pisanieves cuando amainó el viento».
Levantó la cabeza, con sus ojos oscuros buscándola a los suyos. «Tú lo dijiste».
A Vesper se le aceleró el corazón. «¿Dije qué?»
«Anoche», dijo Damon, con una pequeña sonrisa de victoria en los labios. «Dijiste que me querías».
Vesper sintió cómo se le enrojecía el rostro. «Yo… estaba en estado de shock. Estaba vomitando. Deliraba. «
«Estabas lúcida», replicó Damon. «Yo era el que tenía fiebre, y lo oí perfectamente. “Te quiero”. Lo dijiste».
«Estabas alucinando», intentó esquivar Vesper, incorporándose.
Damon le agarró la mano. «No alucino con tanta intensidad. No te retractes, Vesper. No te atrevas a retractarte».
Su agarre era desesperado. Necesitaba esa verdad.
Vesper lo miró. Tenía un aspecto destrozado —barba de varios días en la mandíbula, una venda en la frente—, pero la miraba como si ella fuera lo único en el mundo que importara.
«No lo haré», susurró ella. «Lo decía en serio».
Damon exhaló un suspiro y se llevó la mano de ella a los labios para besarle la palma. «Bien».
Llamaron a la puerta.
El posadero entró con una bandeja de caldo. «Buenos días. La tormenta ha amainado. Las líneas telefónicas vuelven a funcionar. Ya podéis llamar a la caballería».
Damon miró el teléfono que había en la mesita de noche. Luego miró a Vesper.
El mundo estaba esperando. La prensa, la junta directiva, la batalla legal con Julian.
«Danos un día más», dijo Damon.
Vesper lo miró, sorprendida. «Damon, tu pierna…»
«La hinchazón ha bajado. Los antibióticos están surtiendo efecto», dijo Damon con firmeza. «Aún no puedo enfrentarme a todo ese alboroto. Necesito… un momento. Contigo. Solo nosotros dos».
El posadero sonrió. «Como queráis. La sopa está caliente». Se marchó.
Damon se hundió en las almohadas, tirando de Vesper para que se tumbara con él.
«Un día», susurró. «Sin Iris. Sin el director general. Solo Damon y Vesper».
«De acuerdo», asintió ella, apoyando la cabeza en su pecho. «Solo nosotros».
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