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Capítulo 2422:
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Las lágrimas se apoderaron de su voz cuando dijo: «Mamá está aquí ahora. No más dolor, cariño. Nunca más».
Frente a ella, Hadley apretó los labios, incapaz de contener las lágrimas que caían libremente por sus mejillas.
Con delicadeza, Savannah abrió la cremallera del equipaje y sacó la urna. La sostuvo cerca de sí como si fuera un niño frágil: con seguridad, firmeza y mucho amor.
«Elissa, soy yo. Mamá está aquí». Levantando la mirada hacia Hadley, añadió: «Vamos. Dijiste que tenías algo importante que decirme. Hablemos mientras conducimos».
«De acuerdo».
Sin decir nada más, Hadley siguió a Savannah al coche. Mientras el coche avanzaba lentamente por la carretera, Savannah apretó la urna contra su pecho, absorbiendo en silencio cada palabra que Hadley compartía.
Un cambio en su rostro delató sus pensamientos, seguido de una risa amarga. «Así que… ¿realmente tuvo el descaro de aparecer en Ontmond? Bueno, entonces está exactamente donde debe estar».
Mientras tanto, en Srixby.
Dentro del hospital.
El reloj marcaba las tres de la tarde justo cuando Ernest apareció. Phillips se acercó sin demora.
—Sr. Flynn.
Con un breve gesto con la cabeza, Ernest le saludó. —¿Están listos los preparativos?
—Todo listo —dijo Phillips—. Tendrá que ponerse la bata de aislamiento antes de entrar.
Sin decir nada más, Ernest volvió a asentir brevemente y miró hacia las puertas cerradas. «Toque el timbre».
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«Sí». Phillips extendió la mano y tocó el timbre. Poco después, una enfermera respondió y asintió cortésmente. «Sr. Flynn, por aquí».
Sin decir nada, Ernest se dispuso a seguirla, aunque se detuvo justo antes de cruzar el umbral. Miró hacia atrás y preguntó: «¿Todavía no hay noticias de Hadley?».
«Ninguna». Phillips negó con la cabeza en silencio, frunciendo el ceño.
Sin decir nada más, Ernest se dio la vuelta y entró en la habitación.
Phillips, que se quedó en el pasillo, dejó escapar un suspiro de cansancio. Seguramente, a esas alturas, Hadley ya había leído todos los mensajes que le había enviado. Aun así, no había habido respuesta.
Qué amargo se había vuelto todo. Después de todo lo que Eric había soportado, este era el final al que se enfrentaba: un cruel giro del destino.
Cuando una mujer decidía romper los lazos sin piedad, el daño podía ser ilimitado.
Habían pasado siete días.
Srixby apareció a la vista. La mañana apenas comenzaba a extenderse por el cielo.
Hadley bajó del avión. Justo fuera de la puerta, vio a Brady esperándola.
—Ahí estás. —Brady tomó su maleta sin protestar y juntos se dirigieron al estacionamiento.
«No te imaginas lo bien que se ha portado Joy últimamente. Se termina la comida sin protestar. Para ser tan pequeña, ¡sabe comer muy bien!».
Una vez instalados en el coche, el vehículo salió suavemente del aeropuerto. Al incorporarse a la carretera principal, Brady habló.
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