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Capítulo 2152:
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Ernest ni siquiera estaba seguro de qué había desencadenado su reacción. Solo sabía que algo no estaba bien. Por un instante, le pareció percibir el débil aroma del perfume de Elissa.
Salió corriendo, con la mirada buscando frenéticamente un rostro familiar.
Fue entonces cuando vio a dos mujeres caminando juntas delante de él. Sus siluetas le resultaban muy familiares.
Se le hizo un nudo en la garganta. El pulso le latía con fuerza en los oídos.
«¡Quedaos ahí!», gritó Ernest.
La orden sobresaltó a Hadley y Elissa, sumiéndolas en el caos.
Elissa apretó la mano de Hadley con más fuerza, presa del pánico. ¿Qué debían hacer ahora? Ernest las había alcanzado. Estaba allí mismo.
El pánico también se apoderó de Hadley.
Sus miradas se cruzaron y, incluso a través de las gafas de sol, el miedo entre ellas era evidente.
Era como si el destino hubiera planeado ese momento. Su huida se había convertido en una pesadilla.
En un repentino arrebato de desesperación, Elissa soltó la mano de Hadley.
«¡Vete! ¡No te preocupes por mí!».
Salió corriendo y se adentró en la multitud.
«¿Elissa?», Hadley la miró fijamente, momentáneamente sorprendida. Ernest estaba a punto de alcanzarlas. ¿A dónde podía ir Elissa?
Elissa también lo entendía.
Habían perdido. Todo lo que habían intentado se estaba desmoronando.
No había salida.
Aun así, corrió, impulsada por nada más que una pizca de esperanza.
«¡Elissa!». Ernest esquivó a Hadley, con la atención puesta en la mujer que huía.
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Gritó: «¡No lo hagas! Estás embarazada, ¡por favor, detente!».
Al mismo tiempo, Ernest gritó: «¡Quentin!».
Quentin, que llevaba años trabajando a su lado, no necesitaba explicaciones. Rápidamente hizo un gesto a los guardaespaldas, indicándoles que rodeasen a Elissa.
«¡Moveos!».
«¡Ahora mismo!».
Jadeando, Elissa avanzó tambaleándose, con la boca abierta mientras intentaba respirar.
Se había esforzado demasiado. Cada respiración le dolía como agujas frías, obligándola a detenerse.
Inclinada, se presionó el pecho con una mano, desesperada por oxígeno.
Los guardaespaldas ya habían formado una barrera delante de ella, cortando todas las posibles vías de escape.
Una risa hueca se le escapó mientras la visión se le nublaba por las lágrimas. Solo podía saborear la derrota.
Ernest se acercó por detrás, acortando la distancia con pasos lentos y mesurados. No hizo ningún movimiento para agarrarla. En cambio, se detuvo a unos metros de distancia, disfrutando del momento.
Respirando profundamente, Ernest cerró los ojos por un segundo.
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