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Capítulo 1759:
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Eric apretó los puños, blanqueándose los nudillos como si estuviera aguantando el peso de sus palabras. Se inclinó hacia delante, con urgencia en su voz. «Cuéntame más, Hadley. Quiero saberlo todo».
«No hay nada más que contar», respondió Hadley, sacudiendo la cabeza, con voz suave pero firme. «Esos cuatro años fueron muy duros, pero ya has oído lo peor. Eso es todo».
¿Lo peor?
Fue más que eso; fue una batalla implacable, una maratón de supervivencia.
«Hadley», dijo Eric, con voz baja y reverente, mientras se arrodillaba, con una postura rígida y humilde.
Para un hombre poco acostumbrado a tales gestos, fue un acto de profunda sinceridad.
Hadley parpadeó, momentáneamente sorprendida, y se le cortó la respiración al verlo. Pero rápidamente se recompuso, dejando que el momento pasara sin interrupción, con una leve sonrisa en los labios. —Puede que no lo creas, pero cuando volví a Srixby, nunca imaginé que algún día compartiría todo esto contigo.
—Te creo —respondió Eric, asintiendo con convicción, con la mente recorriendo rápidamente los recuerdos del último año.
Cada detalle sobre Hadley se le vino a la mente con viveza: su regreso a su ciudad natal, su trabajo incansable, sus sacrificios y ahorros, todo por un simple sueño: una buena vida con Joy.
Y él había destrozado ese sueño.
«Es culpa mía», admitió, con voz cargada de arrepentimiento. «Soy yo quien lo ha estropeado todo».
Hadley sintió una punzada en el corazón, pero logró esbozar una sonrisa irónica y negó con la cabeza. —Levántate, Eric. Esto no tiene sentido.
—Déjame hacerlo, tengo que hacerlo —insistió Eric, permaneciendo inclinado, con voz firme pero teñida de dolor.
«En tu presencia, soy menos que nada. No me atrevo a pedir perdón, no lo merezco. Deberías odiarme, guardar ese rencor para siempre».
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Hadley se quedó paralizada, con la respiración entrecortada y las lágrimas recorriendo silenciosamente sus mejillas. Se dio la vuelta, incapaz de sostener su mirada.
Al oír su suave sollozo, la mano de Eric se extendió instintivamente, pero se detuvo en el aire, temblando.
No podía tocarla, ni ahora ni nunca más.
—Hadley —dijo Eric, con la voz quebrada mientras retiraba la mano, con los ojos irritados por las lágrimas contenidas—. He vuelto hoy para respetar tus deseos.
Hadley levantó la cabeza de golpe, con lágrimas brillando en sus ojos. —¿Quieres decir…?
—Sí —dijo Eric, asintiendo con determinación—. La boda se cancela. Hemos terminado.
¡Eso era exactamente lo que Hadley había propuesto el otro día!
Él solo se había limitado a repetir sus palabras.
Mientras Eric hablaba, una tormenta de angustia se apoderó de su pecho, un dolor crudo e insoportable que se apoderaba de cada palabra.
Pero no tenía otra opción.
Ahora que sabía la verdad, ¿cómo podía pedirle que se quedara y compartiera su vida con él?
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