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Capítulo 1573:
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Su silencio no era frío, era cauteloso. Y, sin embargo, no le había cerrado la puerta. Solo eso le daba esperanza.
Para Eric, eso era suficiente, por ahora. Mientras ella siguiera a su alcance, a su lado, podía esperar. Le demostraría que el amor de su corazón no estaba dividido entre dos mundos, sino arraigado en ambos, con ella en cada extremo.
Una vez que Hadley se desmaquilló y se cambió, salieron en silencio del estudio.
Para cuando regresaron a Olisvale Bay, se arreglaron y se acostaron, el reloj había pasado de las dos de la madrugada.
Como siempre, Eric se metió bajo las sábanas a su lado, sin importarle la hora tardía ni su silencio. Deslizó un brazo alrededor de su cintura y la atrajo hacia él. —Buenas noches —le susurró, depositando un beso en su cabello—. Dulces sueños.
—Tú también —murmuró Hadley, con los ojos cerrados y dándole la espalda. Su voz era apenas un susurro.
No se apartó. Ese pequeño detalle bastó para que Eric exhalara en silencio, sintiendo un frágil alivio en el pecho. «Todo irá bien, poco a poco encontraremos el camino de vuelta… las cosas mejorarán», murmuró entre dientes.
Pero justo cuando su respiración se estabilizó y el sueño comenzó a apoderarse de él, Hadley abrió los ojos.
Dormir era imposible, no así. No con su brazo alrededor de ella. No esa noche. La inquietud se agitaba en su pecho, sus pensamientos se negaban a calmarse.
Después de una larga y silenciosa lucha consigo misma, levantó con cuidado su brazo y se deslizó fuera de la cama. Sus movimientos eran silenciosos, casi reverentes.
Salió al balcón, la ventana abierta permitía que el aire fresco de la noche entrara suavemente en la habitación. La brisa la rozó como un suspiro.
Hadley se hundió en el sillón, con los brazos fuertemente cruzados alrededor de sí misma. Sus ojos buscaron las estrellas en lo alto, distantes y fijas, tan diferentes de la tormenta que se agitaba en su interior.
Poco a poco, el caos que la invadía comenzó a calmarse. Su respiración se estabilizó. Sin dejar de abrazarse, apoyó la mejilla en los brazos y cerró los ojos.
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Pero no estaba sola. En la puerta, donde ella no podía verlo, medio oculto en la sombra, Eric permanecía de pie, observándola.
No había estado dormido, no del todo. Se había despertado en el momento en que ella se alejó de su lado, algo en él alerta a cada uno de sus movimientos. Había abierto los ojos cuando ella se escabulló y la observó en silencio mientras desaparecía.
Ahora, al verla acurrucada bajo el cielo, tan pequeña frente a la inmensidad, su pecho se apretó con un dolor agudo y repentino.
Eric no pudo soportarlo más. Cerró los ojos y se dio la vuelta, como para protegerse del dolor en el pecho.
Cómo deseaba rebobinar el tiempo, volver cinco años atrás, a una versión más joven de sí mismo que aún no había comprendido lo que significaba perder algo precioso.
Quería atravesar los años, agarrar a ese hombre por los hombros y decirle esto: «Aprecia a Hadley. Abrázala fuerte. Porque algún día se convertirá en el ritmo mismo de tu alma».
Pero no era más que un deseo impotente susurrado al vacío. El hombre que había sido entonces no podía saber que sus decisiones dejarían algún día cicatrices tan profundas que le perseguirían para siempre.
¿Y ahora? Ahora, el arrepentimiento era un fantasma silencioso que le seguía a cada paso.
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