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Capítulo 1505:
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¿Qué misteriosa aflicción le había sobrevenido?
¿De dónde provenía ese dolor insoportable que se irradiaba por sus rodillas? Con dedos temblorosos, levantó la delicada tela de su camisón para revelar dos manchas de decoloración lívida que afeaban ambas rodillas.
¿Qué podía haber causado esto?
La sangre se le escapó del rostro a Elissa cuando una gélida comprensión recorrió sus venas. ¿Acaso su cuerpo inconsciente había vuelto a vagar durante las horas más oscuras de la noche? Estos viajes nocturnos nunca dejaban rastro en su memoria despierta.
Apenas unas horas antes, el escepticismo había teñido su reacción ante las advertencias de Ernest. Ahora, la incertidumbre carcomía su confianza: ¿acaso sus preocupaciones habían sido legítimas después de todo?
Su mirada volvió a la evidencia condenatoria que adornaba su carne… En solo unos días, se habían manifestado misteriosas lesiones sin explicación racional en dos ocasiones distintas.
Ante un testimonio físico tan irrefutable, la negación se convirtió en una imposibilidad que ya no podía sostener.
El persistente sonido electrónico del timbre seguía reclamando su atención.
—¡Elissa! —La voz de Ernest atravesó la barrera de madera con una urgencia inconfundible, su timbre característico se oía claramente a través de la puerta.
Evidentemente agotado por la prolongada demora, su puño golpeaba la puerta con fuerza creciente.
—¡Ya voy! —Su voz sonó tensa por el dolor y la frustración.
Elissa desvió a la fuerza su atención de la inquietante evidencia y cojeó dolorosamente por el suelo para atender a su visitante.
—¿Elissa? —La aprensión ensombreció los rasgos aristocráticos de Ernest, aunque al confirmar su presencia física, sus hombros se relajaron y la tensión se desvaneció visiblemente de su cuerpo.
—Tu seguridad es mi principal preocupación… Pensamientos inquietantes ocuparon mi mente durante tu retraso. ¿Qué causó una respuesta tan prolongada a la puerta?
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Elissa eludió deliberadamente su pregunta, desviándola con la suya propia. —¿Qué te trae a mi residencia a estas horas tan tempranas?
—Mi visita está motivada por mi preocupación por tu bienestar —confesó Ernest sin fingir—. ¿Has dormido tranquila toda la noche? ¿O ha ocurrido otro incidente nocturno? —Su mirada penetrante buscaba la verdad en su expresión.
Todo el cuerpo de Elissa se tensó, ya que su pregunta premonitoria desveló lo que ella pretendía ocultar antes de que pudiera formular una negación plausible.
«¿A qué viene esa mirada?». Ernest registró al instante su reveladora pausa, y profundas arrugas se formaron en su frente. «El sonambulismo… ha vuelto a ocurrir, ¿verdad?». La continua renuencia de Elissa a responder solo amplificó su creciente preocupación. «¡Elissa, la franqueza es esencial ahora! ¡Tu bienestar no puede verse comprometido por un estoicismo equivocado!». La urgencia impregnaba cada sílaba.
Tras una prolongada lucha interna, la resistencia de Elissa se derrumbó. «Sí, he tenido otro incidente». La confesión fue a regañadientes.
Una sombra cruzó el rostro de Ernest, que cerró brevemente los ojos ante la inquietante confirmación y se recompuso antes de continuar.
A continuación, su mirada evaluó minuciosamente a su persona, con la ansiedad evidente en cada músculo tenso. «Identifica la ubicación de tu lesión».
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