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Capítulo 1449:
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Se dio cuenta de que Hadley no estaba enfadada por sus insinuaciones. Su enfado provenía de una preocupación genuina por su bienestar.
Enderezó la postura y la envolvió en un fuerte abrazo. «Nunca fue mi intención causarte tanta preocupación».
Hadley le dio un puñetazo en la espalda. «Las disculpas vacías no son suficientes. ¡Necesito compromiso! Si vuelves a comportarte así… ¡no te molestes más conmigo! ¡Acabaremos con este acuerdo de inmediato!».
«¡Ni se me ocurriría repetir ese error!». La expresión de Eric se iluminó al instante y el alivio se apoderó de sus rasgos.
Se enderezó y juró de forma exagerada. «Si vuelvo a fallar, ¡tienes mi permiso para expulsarme de tu dormitorio para siempre!».
Sin previo aviso, le tomó la barbilla entre los dedos y capturó sus labios con los suyos.
Hadley frunció el ceño y le lanzó una mirada de reproche. ¿Cómo se las arreglaba siempre para convertir las conversaciones serias en momentos íntimos? Al detectar su vacilación, Eric le susurró persuasivamente al oído: «Solo un beso, para calmarme después de soportar esa ducha helada…».
A regañadientes, ella reconoció su maestría: él sabía exactamente cómo desarmar sus defensas con sus besos.
Momentos después, Hadley se rindió, cerrando los párpados…
Se entregó por completo a su abrazo, y su fachada de indiferencia se desmoronó como arena.
El reloj apenas había dado las ocho cuando todo cambió.
Recién llegada de su visita a la mansión Flynn, Elissa se acercó a su apartamento, solo para quedarse paralizada al ver a Linda esperando en una silla de ruedas cerca de la entrada.
—Elissa —Linda se giró hacia ella, con una inquietante sonrisa en los labios—. Has vuelto.
La desconfianza se apoderó del rostro de Elissa mientras se acercaba con pasos mesurados. Miró a Linda con sospecha indisimulada. «¿Qué te trae por aquí?».
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«Bueno…», la voz de Linda transmitía una inquietante compostura. «¿No vas a tener la cortesía de invitarme a pasar?».
Elissa permaneció clavada en el sitio, con el instinto manteniéndola en guardia. «Lo que hayas venido a discutir se puede tratar aquí mismo».
«Estás bastante a la defensiva», Linda ladeó la cabeza, con una leve sonrisa en los labios. «¿Temes que pueda hacerte daño de alguna manera?».
Una risa suave y calculada se le escapó mientras cedía con un gesto de asentimiento. «Muy bien, podemos hablar aquí mismo».
Su expresión se transformó en piedra, cada sílaba rezumaba veneno sin disimulo.
«Elissa, me arrebataste a Ernest. Te sientes victoriosa, ¿verdad? Pero dime, ¿qué has conquistado exactamente?».
Su voz pasó repentinamente de la acusación a algo más calculado. «¿No sientes curiosidad por saber por qué Ernest rompió abruptamente nuestro compromiso y se lanzó de cabeza a tus brazos?».
Elissa permaneció impasible, sin querer morder el anzuelo.
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