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Capítulo 110:
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«¿Qué?», Hadley parpadeó, momentáneamente desconcertado. «¿Qué quieres decir?».
«¡Hadley!», la frustración de Eric volvió a estallar. «¿Alguna vez vas a dejar de decir tonterías?».
Al darse cuenta de la tormenta que se avecinaba en sus ojos, Hadley dudó. —Espera, ¿en serio me estás dando explicaciones?
El silencio de Eric fue suficiente confirmación.
—No tienes por qué hacerlo —dijo Hadley, aún desconcertada—. Solo soy tu exmujer. No es asunto mío. Tú y Linda… Tú sabes la verdad, y eso es suficiente.
Eric se quedó allí, furioso, pero incapaz de encontrar las palabras adecuadas.
¿Por qué estaba malgastando su aliento?
No había motivo para justificarse.
—Si acaso… —añadió Hadley tras una pausa—. Quizá deberías explicárselo a Ernest.
—¡Hadley!
Sus palabras reavivaron la furia de Eric.
—¿Estás intentando crear problemas?
Hadley aprovechó la oportunidad, se escabulló por debajo de su brazo y salió corriendo, lanzando un último comentario por encima del hombro.
—¡Quizá deberías hablar con Nyla! ¡Situaciones como esta no solo pasan en las historias, ya lo sabes!
¿Situaciones como esta?
¿De qué estaba hablando?
Ernest estaba en coma, pero Hadley parecía convencida de que Eric estaba envuelto en una relación clandestina con su cuñada. La idea era ridícula. Era imposible que fuera cierto. La familia Flynn nunca toleraría semejante deshonra.
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Y, sin embargo… Algo en sus palabras se le quedó grabado como una sombra persistente. El recuerdo de la expresión de Linda resurgió, dejando una leve inquietud que le carcomía el fondo de la mente.
«Quizá debería pasar página y buscar a alguien nuevo», pensó.
Pero ¿cómo? ¿Y dónde?
No era como si pudiera conjurar una nueva pareja de la nada.
Hadley llevaba años en el extranjero, pero seguían unidos por los lazos del matrimonio. Por eso, ni siquiera se le había pasado por la cabeza la idea de conocer a gente nueva.
¿Pero ahora?
Quizá ya era hora.
Esa noche, sin llamar a Barrie ni a Marshall, Eric se encontró dirigiéndose solo al Galant.
Como siempre, la mesa VIP frente al escenario estaba reservada exclusivamente para él.
Lennon prácticamente saltó en cuanto se enteró de la llegada de Eric, con una sonrisa de oreja a oreja. —¡Señor Flynn!
Eric se recostó, apoyando un brazo en el sofá y golpeando distraídamente su rodilla con el otro. —¿En qué turno baila ella esta noche?
Los ojos de Lennon brillaron con complicidad.
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