✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1836:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Iba vestido completamente de negro, sin logotipos ni marcas visibles en ninguna parte de su ropa. La visera de una gorra de béisbol negra le ensombrecía la mayor parte del rostro, mientras que una máscara negra le ocultaba todo lo demás, dejando al descubierto solo un par de ojos: fríos, penetrantes y lo suficientemente peligrosos como para atravesar a alguien de parte a parte.
Permanecía en silencio cerca de la puerta, mimetizándose con la penumbra como una sombra desprovista de emoción o presencia.
Y, sin embargo, en el instante en que Mariana lo vio, su respiración perdió todo ritmo, volviéndose superficial y entrecortada en su pecho.
Demasiado parecido.
Se parecía demasiado.
𝘕o𝘷𝖾𝗹а𝘀 𝗱е r𝗈𝗆𝘢𝘯𝘤e eո 𝗻о𝗏е𝗹𝖺𝗌𝟰f𝗮n.c𝗈𝗆
La línea ancha de esos hombros. El hábito inconsciente de desplazar ligeramente el peso hacia el pie izquierdo cuando estaba quieto. Y ese aura abrumadora de autoridad absoluta —algo que claramente reprimía bajo capas de moderación, pero que aún así se filtraba a través de cada movimiento sutil—: el instinto de mirar por encima del hombro a todos los demás.
Era un recuerdo grabado a fondo en sus huesos. En su sangre.
Mariana siempre había amado a Chris.
Aunque solo fueran primos de nombre.
Esa obsesión —retorcida, malsana, devoradora— nunca había desaparecido ni por un instante de lo más profundo de su corazón. Solo se había enterrado más profundamente con el paso del tiempo, supurando en silencio en la oscuridad.
El día que se enteró de que Chris había muerto en la explosión, todo su mundo se derrumbó sin remedio. Todo su interior se había reducido a cenizas.
Había perdido la cordura poco a poco, hasta que apenas quedaba nada que la mantuviera en pie.
Pero ahora… de aquellas cenizas frías y sin vida, una chispa se reavivó de repente. Pequeña. Desquiciada. Peligrosamente viva.
Los dedos de Mariana se aferraron a la costosa pluma estilográfica con tanta fuerza que se le pusieron blancos los nudillos.
El clip metálico se le clavó con saña en la palma, dejándole una marca roja y en carne viva en la piel. La sangre brotó de la herida, resbaló entre sus dedos y luego cayó en silencio sobre la alfombra de cachemira color crema que había debajo, pero ella no parecía sentir nada.
Un impulso feroz, casi incontrolable, le recorría las venas.
Un pensamiento no dejaba de rugir en su mente como una sirena enloquecida: ¡ve allí! ¡Debía ir allí y arrancarle esa máscara de la cara, costara lo que costara!
Tenía que verlo. Tenía que saber si realmente era él… si el hombre que estaba allí era de verdad Chris —el primo que había rondado sus pensamientos día y noche—.
La compostura de Mariana se tambaleaba al borde del colapso. Su cuerpo reaccionó antes de que su mente pudiera detenerlo; un pie ya se deslizaba inconscientemente hacia delante, como si estuviera a segundos de perder el control y lanzarse directamente hacia el hombre.
¡Pla! ¡Pla! Dos palmadas secas resonaron de repente en la sala de reuniones, lo suficientemente agudas como para cortar de raíz sus pensamientos en espiral y hacer que todos volvieran a prestar atención.
Maia se había abierto paso de alguna manera hasta la cabecera de la larga mesa de reuniones sin que Mariana se diera cuenta.
Mariana volvió en sí de golpe. Un sudor frío le empapó la espalda al instante mientras el pánico le invadía el pecho. Bajó la cabeza y rápidamente se ocultó la mano herida a la espalda, disimulando el fino hilo de sangre que aún resbalaba por su palma.
«Muy bien, basta de charla trivial». Maia recorrió la sala con una mirada pausada antes de apoyar ligeramente ambas manos sobre la mesa. Su voz era tranquila, grave y firme, impregnada de una autoridad natural. «Nos espera una dura batalla».
.
.
.