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Capítulo 1714:
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«Le pido con toda sinceridad que asuma la responsabilidad, que asegure el futuro de la empresa y alivie el miedo tanto de sus empleados como de los ciudadanos de la ciudad. Ayúdeme a mí, y ayude a Wront, a proteger este legado hasta que su legítimo dueño regrese.
Sinceramente, Maia.»
Cada palabra cargaba un peso doloroso de confianza y desesperación, como un testamento final puesto en sus manos.
Las lágrimas nublaron por completo la visión de Hurst.
Habiendo pasado décadas navegando el despiadado mundo de los negocios, el hombre de poco más de cuarenta años se había acostumbrado hace mucho a usar una máscara de fría indiferencia. Sin embargo, en toda su vida, solo había llorado con ese dolor tan crudo dos veces. La primera fue cuando su amada esposa sucumbió a una larga enfermedad. La segunda era ahora.
Abatido por la pena, Hurst interpretó mal la última línea de la carta — «hasta que su legítimo dueño regrese». Todo el mundo en Wront sabía que Maia había gastado doscientos mil millones en la subasta de ese día para adquirir los activos centrales del Grupo Cooper. Para Hurst, no había duda: la propia Maia era la legítima dueña. En su mente, esta carta se convirtió en su último mensaje, escrito antes del accidente. Ella le estaba encomendando la empresa que casi le había costado la vida.
«Está bien. Está bien…»
Apretando la carta contra su pecho como si fuera lo único que lo mantenía en pie, Hurst hizo un solemne juramento — tanto al oficial parado frente a él como a Maia, donde quiera que estuviera. «No se preocupe. Llevaré a cabo todo lo que Maia me encomendó, aunque me cueste la vida.»
Dentro de la villa privada de Pattie, solo una lámpara de pared proyectaba un tenue resplandor sobre la habitación.
Sentado en silencio al borde de la cama, Roland observaba sin decir una palabra a la figura tendida frente a él. Los ojos de Pattie estaban hinchados de tanto llorar, con rastros de lágrimas todavía en las comisuras. Roland extendió la mano con gentileza, le apartó el cabello y le dio unas suaves palmaditas en el hombro, consolándola como se consuela a una niña.
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Solo después de un buen rato los nervios de Pattie, crispados al límite, se aflojaron por fin, permitiéndole caer en un sueño profundo.
Roland bajó la vista y revisó la hora. Ya eran las once de la noche.
Se levantó en silencio, se puso el saco negro, y la suavidad de su expresión desapareció — reemplazada por la fría precisión de un abogado experimentado. Con cuidado, salió del cuarto y cerró la puerta tras de sí.
Ya en el estudio, Roland abrió su laptop y sacó todos los expedientes sellados relacionados con el caso de Zoey de años atrás. Al mismo tiempo, tomó el teléfono y marcó un número al que casi nunca llamaba a esa hora — el número de su mentor en el mundo jurídico, el otrora célebre académico Lucius Martínez.
La línea se conectó casi de inmediato.
Sin perder tiempo, Roland fue directo al grano, con la voz tensa y cargada de urgencia: «Señor Martínez, ¡Zoey aceptó reabrir el caso!»
Por un momento, la línea quedó en silencio absoluto. Luego llegó el repentino estrépito de algo pesado cayendo, como si una taza hubiera sido derribada.
«¿Qué… qué dijiste?»
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Nota de Tac-K: Amadas personitas, esta notita será algo diferente, saben que siempre les deseo lo mejor, que las quiero, pero sobretodo que Dios las ama, y lo digo realmente con toda sinceridad. Mi vida cambió de estas a oscuras a una realidad completamente distinta desde que acepte a Jesucristo como Señor y Salvador, y trato de ser intencional desde hace años al compartirles de que Dios les ama, porque es lo mejor que les puedo compartir.
Se les ama mucho queridas personitas, y les deseo realmente puedan conocer realmente a Dios como papá, con el mucho amor que tiene. Lindo fin de semana, las quiero mucho !! (ɔO‿=)ɔ ♥
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