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Capítulo 1621:
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Ella conocía a Carsen mejor que la mayoría. Era un hombre de principios, compasivo y con un profundo sentido de la justicia. Los crímenes de Kolton ya se habían extendido por todo Wront, provocando indignación en toda la ciudad; era el tipo de hombre al que cualquier médico decente se negaría a salvar. E incluso dejando eso de lado, aceptar esta cirugía, independientemente del resultado, arrastraría casi con toda seguridad al cirujano a un sinfín de problemas. Las repercusiones de la familia Cooper, la amenaza de represalias por parte de agentes encubiertos, el peso de la reacción pública. Era un auténtico desastre. Nadie en su sano juicio querría verse envuelto en algo así.
Maia dejó escapar un suspiro silencioso, dejó el teléfono boca abajo en su regazo y desvió la mirada hacia la ventana.
El amanecer apenas comenzaba a asomar por el este. El cielo se iba iluminando poco a poco y una luz dorada se abría paso entre las nubes, extendiéndose por la sinuosa autopista y entrando en el coche.
Chris mantenía la vista fija en la carretera, con las mangas ligeramente remangadas para dejar al descubierto las líneas definidas de sus antebrazos. La luz trazaba los contornos de su perfil, suavizando sus rasgos, por lo general marcados.
La escena le resultaba extrañamente familiar, como una mañana largamente olvidada y enterrada en lo más profundo de su memoria. Otro amanecer. Otro hombre al volante, conduciéndola hacia lo desconocido.
Chris mantenía la mirada al frente, aparentemente concentrado en la carretera. Pero, con el rabillo del ojo, no dejaba de mirar a la mujer del asiento del copiloto. Aquella impresionante y audaz jugada de antes no dejaba de repetirse en su mente: la combinación de fuerza y elegancia, la calma intrépida ante el peligro. Maia tenía una forma de sorprender a la gente cuando menos se lo esperaban.
Pero en el momento en que ese pensamiento cruzó su mente, fue como si se hubiera accionado un interruptor, desatando una repentina avalancha de recuerdos fragmentados.
No era la primera vez.
No era la primera vez que el talento de Maia lo dejaba boquiabierto.
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Las piezas empezaron a encajar. El estadio subterráneo con luz tenue. La multitud rugiente. La imponente jaula de acero. La chica, de complexión menuda pero de espíritu feroz. Su oponente: un hombre gigantesco conocido como «El Tirano». Todo volvió a su mente de golpe.
Chris apretó con más fuerza el volante.
—Oye… —Su voz sonó áspera, rompiendo el silencio del coche—. Creo que acabo de recordar algo.
Maia se volvió hacia él, sorprendida. —¿Qué?
Chris mantuvo la vista al frente, con la mirada perdida, como si se adentrara en un sueño. —Allí, en esa arena subterránea… derrotaste a tu oponente de la misma forma que lo has hecho hoy. Ese tipo… «El Tirano», ¿verdad?
Maia parpadeó. Entonces, una chispa iluminó sus ojos. «¿Te acuerdas?».
«Sí. Fragmentos», dijo Chris, con la imagen de El Tirano aflorando en su mente antes de que pudiera evitarlo.
Y entonces lo comprendió.
Por Maia, no había casi nada que no hiciera, incluso si eso significaba arriesgar su propia vida sin pensárselo dos veces. En aquel entonces. Y hoy.
Este sentimiento… si eso no era amor, ¿qué era?
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