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Capítulo 900:
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«¡Carl!». Nadia no pudo soportar escuchar ni una palabra más, así que lo interrumpió bruscamente antes de que pudiera terminar su pensamiento.
No podía creer que él le estuviera pidiendo que dejara de lado su resentimiento hacia Maren.
Dejar atrás ese rencor era impensable.
Tener el poder de la familia Williams y ser el centro de atención de todos finalmente le había dado el estatus que siempre había perseguido.
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Sin embargo, la satisfacción seguía sin llegar.
Aún no había vengado su dolor ni había obligado a Maren a enfrentar las consecuencias.
—¿De verdad me estás diciendo que no me ayudarás a vengarme de ella, Carl? —Una repentina frialdad se apoderó de la expresión de Nadia.
—Nadia, por favor, no te enfades. Yo…
—¡No te atrevas a ponerme la mano encima!
Carl extendió la mano para intentar acercarla a él, pero Nadia lo empujó sin dudarlo.
Carl no pudo hacer nada más que quedarse allí, impotente. Lo que le importaba era la vida que habían construido juntos, pasar cada día con la mujer que amaba.
No podía imaginar ir tras Maren. El riesgo le parecía demasiado grande y deseaba que nada perturbara su paz.
Para Nadia, esa comodidad no significaba nada. Su corazón no estaba comprometido con Carl. Lo único que la impulsaba era su sed de venganza.
Esa era la verdadera razón por la que se había acercado a él en primer lugar.
Mientras Maren saliera impune y el insulto que había sufrido quedara sin castigo, Nadia nunca podría dejar atrás el pasado.
«Carl, ¿has dejado de quererme? Supongo que tiene sentido. Toda nuestra relación comenzó por culpa de esa droga, así que entiendo que no sientas nada y no quieras asumir ninguna responsabilidad. Ahora que eres el líder de la familia Williams, probablemente yo no signifique nada para ti».
Nadia mantuvo un tono suave pero amargo, sabiendo que no tenía sentido discutir con él. Sabía cómo llegar a Carl, así que utilizó la decepción y una pizca de autoironía para convencerlo.
Su actuación triste funcionó exactamente como esperaba. La vacilación de Carl se desvaneció.
—Nadia, te equivocas conmigo. Te quiero. Te prometí que siempre estaría ahí para ti.
—Entonces, ¿me dejarás vengarme? —Nadia lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—De acuerdo —aceptó Carl, porque veía lo mucho que Maren la atormentaba. Se dio cuenta de que, a menos que se ocuparan de Maren, Nadia nunca se sentiría tranquila.
«Gracias, Carl». Nadia se abrazó a él.
«Yo me encargaré», dijo Carl, dándole una palmada tranquilizadora en la espalda. Aun así, no podía ignorar los riesgos. Carl conocía la fuerza de Maren y dudaba que Nadia pudiera enfrentarse a ella.
«No, esta vez lo haré yo sola. No te necesito allí». Nadia no tenía intención de dejar que Carl se encargara solo de todo.
Recordaba demasiado bien cómo Carl había fracasado antes contra Maren, por lo que su fe en él ya se había visto sacudida. Además, nada más que enfrentarse ella misma a Maren podría satisfacer su ansia de venganza.
«¿Vas a ir sola?», preguntó Carl, mirándola con sorpresa. «Nadia, es demasiado arriesgado».
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