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Capítulo 813:
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Pasaron otros treinta minutos antes de que Maren finalmente se recostara, apartara su plato vacío y se pusiera de pie. «Muy bien, ya estoy lista para escribir. Ve a lavar los platos».
Se acercó a la mesa y cogió el bolígrafo y el papel, eligiendo intencionadamente el único asiento que daba la espalda a la cámara de vigilancia. Su postura bloqueaba el campo de visión de la cámara, ocultando cuidadosamente el papel bajo su brazo.
Mientras tanto, intentó empujar a Carl fuera de la habitación.
Pero Carl no se lo tragó. «Olvídate de los platos. Escribe. Yo limpiaré cuando termines».
«¿Podrías dejar de mirarme así? Me distrae y me hace perder la concentración, ¿entiendes?». Maren puso los ojos en blanco.
«¿Por qué eres tan irrazonable?», preguntó Carl frunciendo el ceño.
«¿Irrazonable?», se burló Maren. «Tú eres el que está pegado a mí como una sombra. ¿Qué será lo próximo, hacer guardia también fuera de la puerta del baño?».
«Tú…». Esa respuesta pilló a Carl desprevenido. No estaba preparado para una broma así, especialmente viniendo de ella.
Para un chico que apenas había pasado tiempo con mujeres, solo la idea hizo que se le sonrojaran las orejas antes de que se diera cuenta.
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«¿Te estás sonrojando?», soltó Maren, con tono de sorpresa, mientras se inclinaba ligeramente hacia él.
Hasta ahora, solo había visto ese tipo de rubor tímido en las chicas. No se lo esperaba de alguien como Carl.
Era un hombre conocido por su estrategia y su estructura, agudo cuando era necesario, directo cuando no lo era. Emocionalmente reservado y mentalmente sereno. Y, sin embargo, ahí estaba, sus mejillas lo delataban.
Una revelación parpadeó en la mente de Maren como si se hubiera encendido un interruptor.
—¡No me estoy sonrojando! —espetó Carl, como un gato que maúlla después de que le hayan pisado la cola.
Esa reacción no hizo más que aumentar las sospechas de Maren.
Inclinó ligeramente la cabeza y lo observó. —Espera. No me digas que nunca has tenido novia.
—¡Eso no es asunto tuyo! —replicó Carl al instante, con tono brusco. Su actitud defensiva decía más que cualquier confesión.
Maren claramente había tocado un punto sensible, y la verdad la tomó por sorpresa.
Dado su origen como Williams, era difícil imaginar que careciera de experiencia romántica. Si quería una mujer, podía tenerla; su estatus se lo garantizaba.
Y, sin embargo, para alguien con ese tipo de poder, el hecho de que no lo hubiera utilizado para explotar a las mujeres ya lo diferenciaba de la mayoría de los privilegiados. Esa constatación suavizó su postura, solo un poco.
En comparación con Shawn, que era arrogante, manipulador y moralmente corrupto, Carl no parecía tan malo.
—Mira, la verdad es que me cuesta concentrarme con tu mirada fija en mí —murmuró Maren, dejando el bolígrafo—. Este es el trato: deja de mirarme y, cuando termine, podrás entregar la carta. Incluso te presentaré a una chica muy simpática más tarde. ¿Te parece justo?
Por supuesto, no tenía intención de cumplir esa promesa. Solo era un señuelo, algo para ganar tiempo y poder alterar discretamente el contenido de la carta.
Para su sorpresa, Carl se sonrojó en cuanto mencionó lo de presentarle a una chica.
«¡No necesito que alguien como tú haga de casamentera!».
Desde su punto de vista, Maren era la última persona en la que confiaría en asuntos del corazón. Alguien que podía cambiar de lealtades por conveniencia y manipular a los demás con facilidad no era su idea de pareja.
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