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Capítulo 1113:
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«¿Cómo puedes estar seguro?». Una pizca de alivio se dibujó en el rostro de Félix, aunque la incertidumbre persistía en sus ojos.
La lógica discutía con la esperanza. Si Maren tenía éxito, toda su riqueza quedaría atada a la Gran Casa. ¿Qué garantía había de que se pudiera recuperar?
Intuyendo sus dudas, Johnny añadió: «No ha explicado cómo, pero creo que tiene una estrategia. Confío en su criterio».
«De acuerdo. Confiaré en tu decisión». Sin nada más que decir, Félix suspiró.
No se podía negar el riesgo. La victoria de Maren podría salvarlos a todos, pero un solo paso en falso significaría el desastre para la familia Duncan.
«Intenta no estresarte por ello. La decisión no se tomó a la ligera, y contó con el pleno acuerdo del cabeza de familia y los altos mandos. Teníamos que elegir entre Maren y el Soberano del Inframundo. Y si vamos a elegir, más vale ir a por todas», dijo Johnny, tratando de tranquilizarlo.
Una decisión tan importante no se habría tomado sin el beneplácito de los líderes de la familia Duncan. Ante eso, Félix no tuvo más remedio que aceptar.
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Ahora todo cobraba sentido. Si Maren acababa perdiendo contra Frank, la familia Duncan sería el siguiente objetivo en su lista, y él no les tendría piedad.
Apoyar completamente a Maren en su lucha contra Frank era la decisión más sensata. Se corrió rápidamente la voz de que las propiedades de Maren se extendían por sesenta ciudades. Dangelo, Hyatt y Nadia fruncieron el ceño.
«Siempre lo he intuido. Maren no actúa sola. Hay alguien poderoso respaldándola, lo que significa que conseguir Atolore se ha convertido en un verdadero reto», suspiró Hyatt.
Llevó a Nadia a la habitación privada de Dangelo, donde este también tenía una expresión preocupada. «Treinta ciudades. La idea de perder tanto es insoportable».
El trabajo mercenario siempre había sido el sustento de la Legión Cabeza de Dragón. Las misiones transfronterizas llenaban sus arcas, no la gestión de las ciudades, por lo que la riqueza siempre estaba en movimiento y nunca estaba garantizada. Ver cómo se les escapaban tantas ciudades dejaría a cualquier potencia en una situación delicada, incluso a una tan renombrada como la suya.
«Sr. Santos, mientras usted siga en pie, tendremos la fuerza necesaria para recuperar esas ciudades cuando sea necesario. Pero si usted cae, la Legión Cabeza de Dragón no durará para siempre», dijo el subordinado de Dangelo, captando el destello de duda en sus ojos.
Los problemas parecían seguirles allá donde iban. Años de trabajo como mercenarios internacionales significaban que habían hecho más enemigos que amigos, y solo su reputación mantenía a raya a esos enemigos. Un solo paso en falso de Dangelo lo cambiaría todo. Sin su liderazgo, no quedaría nada para disuadir a las numerosas fuerzas deseosas de saldar viejas cuentas.
El mundo no sentía mucha simpatía por los fuertes cuando estos finalmente tropezaban. Una vez que las tornas cambiaban, aquellos que antes se acobardaban no perdían tiempo en vengarse.
Consciente de esta dura realidad, Dangelo se dio cuenta de que ya no había marcha atrás. Atolore tenía que ser suyo, por mucho que odiara la idea.
« Si Maren consigue ganar Atolore, podemos olvidarnos de recuperarlo. Incluso si nuestro plan sale a la perfección, ella se asegurará de que Atolore sea destruido en lugar de dejarnos tomarlo. ¿Mi consejo? Haz tu oferta ahora. Hyatt habló con voz firme y directa.
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