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Capítulo 1112:
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Una afirmación tan descabellada era casi ridícula.
Dangelo y Hyatt se preguntaron si las finanzas de Maren eran realmente tan estables como ella afirmaba.
En el escenario, Sarris no mostró ninguna sorpresa. Su compostura insinuaba que sabía más que el público.
¿Era siquiera posible que Maren poseyera treinta ciudades?
Los susurros y las miradas de incredulidad se extendieron por la sala, y la duda se cernió sobre el ambiente.
Un grito brotó del balcón. Herman, el representante de la Sociedad Celestial, no pudo callarse. «La propia Sociedad Celestial solo posee algo más de treinta ciudades. ¿Me estás diciendo que Maren iguala toda nuestra fortuna? ¿Cómo puede Atolore valer tanto?».
El escepticismo invadió la sala.
Muchos compartían la misma opinión: ese precio parecía ridículo.
Aunque Atolore tenía claramente un valor irrepetible, decir que equivalía a treinta ciudades sonaba más a un mal chiste que a una afirmación seria.
Había muchas naciones que ni siquiera contaban con treinta ciudades propias.
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Algunos países más pequeños no llegaban ni a diez. Visto así, el caso de Atolore parecía sacado de una leyenda.
«No hay por qué dudar. Según nuestra evaluación, los activos de esta joven suman casi sesenta ciudades», anunció Sarris a la multitud.
Herman se quedó boquiabierto en su asiento. «¿Sesenta? ¡Eso es el doble de las propiedades de la Sociedad Celestial!».
Las conversaciones estallaron en todo el segundo piso, y la planta baja bullía de incredulidad.
Ver cómo seis ciudades se convertían en sesenta era casi surrealista, pero nadie se atrevió a cuestionar la afirmación de Sarris.
La realidad comenzó a calar, incluso mientras las bocas seguían abiertas.
«Tío Johnny, ¿puedes explicarlo? ¿Cuánto le diste realmente a Maren?». En un palco privado arriba, Félix se volvió hacia Johnny con los ojos muy abiertos.
Atónito, Félix solo podía mirar con incredulidad. La idea de que Maren poseyera sesenta ciudades parecía imposible. Después de todo, incluso la familia Duncan controlaba poco más de cincuenta.
De repente, un cálculo le pasó por la mente. Maren aportó seis y los Duncan añadieron más de cincuenta. En conjunto, eso sumaba sesenta ciudades. La verdad le golpeó como un rayo. Johnny lo había arriesgado todo, poniendo a toda la familia Duncan en manos de Maren.
«Así es. Todos los activos que pertenecen a la familia Duncan ahora respaldan a Maren», respondió Johnny con calma.
Felix sintió que el mundo se tambaleaba bajo sus pies. «¡No puedes hablar en serio!».
Ayudar a Maren era una cosa, pero apostarlo todo en una sola subasta era una locura, y parecía casi como si la familia hubiera sido intercambiada por una pastilla.
A pesar de la enormidad de todo ello, la calma de Johnny nunca vaciló. «Tranquilo. Maren me ha dado su palabra de que todo nos será devuelto, sin merma alguna, una vez que todo esto haya terminado. »
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