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Capítulo 1029:
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Ahora, Hyatt la estaba empujando al mismo rincón. No solo tenía que competir con Maren, sino que Cynthia, una mujer normal y corriente sin nada especial, estaba siendo tratada como una reina. La idea le revolvió el estómago.
«Estoy harta de tus tonterías. Si no te apetece, dilo. Buscaré a otra persona», respondió Nadia con frialdad.
Esa era una línea que no iba a cruzar, ni por él ni por nadie.
«¿Otra persona? No me digas que te refieres a Félix. Ni siquiera te miraría ahora mismo. Probablemente esté entre las sábanas de Cynthia en este momento», dijo Hyatt con una sonrisa llena de rencor.
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«¡Ni hablar!», respondió Nadia con rapidez, firmeza y seguridad. «Felix no es así. No es como tú. Él se respeta a sí mismo».
«¿Ah, sí? ¿Y qué te da tanta certeza?», preguntó Hyatt con una risa burlona. «Créeme, los hombres no somos tan complicados. Todos buscamos lo mismo».
«¡Eso es mentira! Félix no se parece en nada a ti. Él sabe respetar los límites».
Nadia había observado a Félix lo suficiente como para saber la diferencia: sus ojos no transmitían ningún deseo oculto, ninguna intención silenciosa, nada parecido a la forma en que Hyatt miraba a las mujeres.
Lo que más le llamaba la atención era lo mucho que Félix le recordaba a Carl. Tenía la misma lealtad tranquila. La misma honestidad inquebrantable.
«He visto cómo se comportan el uno con el otro. No hay nada sugerente en su comportamiento, ni tensión, ni significado oculto en sus miradas. Sea lo que sea lo que hay entre ellos, es inocente», dijo Nadia, eligiendo cuidadosamente sus palabras. Incluso Cynthia, para su sorpresa, no daba la impresión de ser alguien que cruzara esa línea.
«Puede que tengas razón», murmuró Hyatt, dejando a un lado su habitual tono burlón para mostrarse más reflexivo.
Ahora que lo pensaba, Félix y Cynthia nunca habían actuado de forma inapropiada. Nada entre ellos había insinuado nunca el tipo de relación que él tenía con Nadia. Al fin y al cabo, se consideraban familia; aunque no tuvieran parentesco biológico, las consecuencias morales de intentar algo más serían demasiado graves como para mantenerlas en secreto.
Teniendo esto en cuenta, no era descabellado pensar que nunca hubiera habido nada físico entre ellos.
Una extraña sensación de tranquilidad se apoderó de Hyatt. Saber que Félix no había llegado a nada con Cynthia hizo que su propio fracaso le resultara menos amargo.
Sin embargo, esa sensación no duró mucho. Había algo en la situación que le parecía incompleto. Lo que normalmente le emocionaba era el peligro, la retorcida satisfacción de reclamar lo que pertenecía a otra persona.
Curiosamente, Cynthia no necesitaba ese contexto. Ella tenía toda su atención de todos modos.
—Supongo que tengo debilidad por las mujeres que están comprometidas con otros hombres —dijo Hyatt, esbozando una sonrisa llena de picardía.
Antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada más, la puerta se abrió de golpe con urgencia. —¡Ha pasado algo! ¡Es grave!
Era Anthony.
—¿Qué pasa? ¿Qué ha ocurrido?
Hyatt y Nadia salieron de su silenciosa conversación y se pusieron en alerta al instante. El temblor en la voz de Anthony bastaba para helarles la sangre.
Anthony estaba pálido como un fantasma mientras señalaba con un dedo tembloroso hacia el pasillo. «¡Han asesinado a Gilbert Walker! Lo encontré en la cama con una daga clavada en el cráneo».
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