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Capítulo 706:
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Connor la miró fijamente, con una mirada en la que se entremezclaban ternura, culpa, alivio y una emoción intensa que había enterrado durante demasiado tiempo.
«Tú».
La respuesta llegó sin vacilar, clara y rotunda.
Joslyn se quedó paralizada. «¿Qué?».
«Eres tú, Joslyn», repitió Connor. «En la ceremonia de inauguración de la Universidad de Dafson, pronunciaste el discurso de bienvenida a los estudiantes de primer curso mientras yo estaba sentado en la zona de invitados. Más de una docena de estudiantes hablaron aquel día, pero tú fuiste la única que recordé. Puede parecer superficial, pero para mí fue amor a primera vista».
Su mirada se suavizó mientras seguía recorriendo el camino de los recuerdos. «Más tarde, en los humedales al oeste de Cestoland, me perdí, sufrí un ataque de gastritis y caí rodando por una pendiente. Tú me encontraste. Tú me salvaste. Fue entonces cuando supe con certeza que te quería».
Recorrió con el dedo el borde de su taza. «El amor no necesita grandes razones. Por muy manido que suene, fue amor a primera vista, y luego devoción a la segunda».
La miró a los ojos. «Eras tú, Joslyn. Siempre has sido tú. Nunca hubo nadie más».
Joslyn abrió mucho los ojos, sorprendida, al encajar todas las piezas.
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Los humedales de Cestoland…
Aquel hombre miserable y cubierto de barro había sido Connor.
¿Quién podría haber imaginado que aquella figura desdichada era el hombre más rico de Dafson?
¿Por qué nunca se lo había contado?
Ella incluso había sacado a colación el incidente cuando estuvieron en Cestoland. ¿Por qué Connor no había admitido entonces que era él el hombre al que ella había rescatado?
«Entonces…» Una posibilidad asombrosa se gestó en la mente de Joslyn. «Cuando empecé mi canal de Internet en mi primer año de universidad, esos patrocinios absurdamente generosos y casi sin condiciones —como si alguien simplemente quisiera darme dinero…—, ¿eras tú?».
Connor no hizo ningún intento por negarlo.
«Fui yo», admitió, con un atisbo de disculpa en el rostro.
Bajó la mirada. «Por aquel entonces… no me atrevía a acercarme a ti, y mucho menos a intentar conquistarte. Soy diez años mayor que tú. Tú acababas de entrar en la universidad, mientras que yo ya era un adulto consolidado con una carrera profesional. Temía asustarte o parecer un tipo raro. Por encima de todo, no quería trastornar tu vida. Yo tenía casi treinta años y tú acababas de entrar en la universidad. Mi conciencia no me permitía intentar conquistarte en aquel momento».
Tras respirar hondo lentamente, Connor continuó: «Así que te ayudé de la única forma que pude. Me mantuve al margen e intenté aliviar parte de tu presión económica, dando rienda suelta a tu talento para que pudieras centrarte en estudiar y perseguir tus sueños».
Una sonrisa melancólica se dibujó en sus labios. «Tenía pensado velar por ti hasta que te graduaras. Entonces te habría conquistado abiertamente y te habría dicho lo que sentía».
La voz de Connor se desvaneció, dejando tras de sí un regusto amargo.
«Pero nunca esperé que acabaras con Brandon. Lo único que pude hacer fue esperar y decirme a mí mismo que tu felicidad importaba más que nada. Pero no podía dejarte ir de verdad, así que seguí observando tu vida aún más de cerca. Cuando tú y Brandon rompisteis, supe que había llegado mi oportunidad. Esa misma noche, me puse en contacto contigo y te pedí que te casaras conmigo».
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