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Capítulo 681:
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«Estos son los seis proyectos principales que gestionamos actualmente. Revísalos y dame una valoración preliminar de cada uno para pasado mañana. No hace falta que entres en todos los detalles, pero quiero entender cómo abordas un problema».
Sin perder tiempo en palabras, le deslizó hacia ella una pesada pila de carpetas.
«De acuerdo». Joslyn cogió los expedientes y hojeó las primeras páginas. Cada carpeta era casi tan gruesa como una novela.
«Una cosa más: tus dos primeras semanas se dedicarán a la incorporación.
Ven aquí a las cuatro de la tarde todos los días para una charla de treinta minutos. Trae cualquier pregunta que tengas o cualquier cosa que hayas observado. Aparte de eso, puedes visitar cualquier unidad de negocio y hablar con quien necesites. Yo se lo comunicaré con antelación».
«Entendido». Joslyn asintió con la cabeza. Ulises era eficiente y directo, tal y como a ella le gustaba.
«¿Tienes alguna pregunta?», preguntó él.
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«Ninguna por ahora». Joslyn negó con la cabeza.
«Bien. Pues ponte manos a la obra».
Con la pila de documentos bien sujeta entre los brazos, Joslyn regresó a su propia oficina.
A las cuatro, volvió a la oficina de Ulises para su primera sesión de media hora.
Había preparado varias preguntas a partir de la reunión de la mañana y de su primer repaso de los expedientes, que abarcaban tanto los modelos de negocio de los proyectos como las tendencias generales del sector.
Ulises respondió de forma concisa, yendo al meollo de cada cuestión al tiempo que la animaba a reflexionar más a fondo.
La media hora pasó volando, y Joslyn salió de allí con un sinfín de nuevas perspectivas.
«Mañana a la misma hora», dijo Ulises, dejando claro que la reunión había terminado.
«Gracias, señor Ortega». Joslyn se levantó de la silla y se marchó.
A las cinco y media, Irene llamó a la puerta de Joslyn.
«¿Qué tal tu primer día? ¿Te estás adaptando bien?». Irene entró, pero una expresión de preocupación se dibujó en su rostro al ver los gruesos expedientes que cubrían el escritorio de Joslyn.
Joslyn cerró el informe de inversión médica que tenía delante, se masajeó la nuca y sonrió a Irene.
«Ha ido bien. Había mucho que asimilar, pero el trabajo resulta gratificante. Ulises me ha dado mucho que hacer y sus instrucciones han sido muy claras. »
«Qué bien». Irene asintió y luego se acercó a la ventana mientras las luces comenzaban a parpadear en el horizonte de la ciudad.
«Ulises se doctoró en el Instituto Tecnológico de Eastbridge y lleva años trabajando en finanzas y tecnología. Su criterio y su capacidad son excepcionales, aunque puede resultar distante y muy exigente. Aprenderás mucho bajo su tutela, pero te exigirá mucho. Si te enfrentas a algo que realmente no puedas manejar, acude a mí. »
«Lo sé. Un poco de presión no me asusta». Joslyn se levantó y ordenó su escritorio. «La presión es lo que nos hace crecer, ¿no?».
Irene contempló su perfil sereno, mientras la calidez y el orgullo crecían silenciosamente en su pecho.
«Venga. Vamos a casa. Doyle acaba de enviarme un mensaje. Va a venir a cenar para celebrar tu primer día en el Grupo Vance», añadió Irene con una sonrisa.
«Vale».
En cuanto entraron en casa, el aroma apetitoso de la cena las envolvió, entremezclado con la fragancia azucarada de algo que se estaba horneando.
«¿Ya estáis en casa?», gritó Doyle desde el salón.
«Papá, ya estás aquí». Joslyn se acercó.
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