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Capítulo 594:
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«No me duele la cabeza», replicó Joslyn, aunque ni siquiera ella misma parecía convencida. Ya había empezado a sentir un leve latido en las sienes. Estaba tan concentrada en sacar recuerdos de las fotos que lo había ignorado.
Estaba desesperada por recordarlo todo.
«Para cuando empiece a dolerte, ya habrás ido demasiado lejos». Connor se inclinó hasta quedar a la altura de sus ojos, y el tono firme de su voz se transformó en una persuasión paciente. «Venga, sé buena y déjamelo a mí. Dale tiempo a tus ojos y a tu mente para que se recuperen. Esos recuerdos no se van a ir a ninguna parte. Podemos descubrirlos poco a poco».
Joslyn entendía que él solo la estaba protegiendo. Aun así, tener el pasado flotando justo fuera de su alcance la dejaba insoportablemente inquieta.
«Cinco minutos más, por favor… solo unas cuantas fotos más». La súplica se le escapó con un gemido débil, casi infantil.
Connor no respondió.
Tras varios segundos de silencio, se inclinó hacia ella, borrando la distancia que los separaba.
A Joslyn se le cortó la respiración.
Sus labios se posaron en un tierno beso en el centro de su frente, justo entre sus cejas fruncidas.
𝘊𝘢𝘱𝘪́𝘵𝘶𝘭𝘰𝘴 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢 𝘦𝘯 𝘯𝘰𝘷𝘦𝘭𝘢𝘴4𝘧𝘢𝘯.𝘤𝘰𝘮
«Sé buena y escúchame», murmuró contra su piel, mientras su cálido aliento la rozaba.
Se apartó solo un poco y la miró a los ojos, con la mano derecha aún suspendida entre ellos.
Un calor le subió a las mejillas a Joslyn. ¿Siempre habían sido así de íntimos el uno con el otro?
Apretó los labios formando una línea fina y bajó la mirada. Por fin, sus dedos se relajaron alrededor del móvil y se lo entregó. «Tómalo».
Connor cogió el móvil y pulsó el botón lateral, apagando la pantalla.
Lo dejó sobre la mesita de centro, fuera de su alcance, se sentó en el borde de la cama y le tomó la mano vacía entre las suyas. Su pulgar le acarició los nudillos con un movimiento lento y tranquilizador, un gesto que resultaba a la vez reconfortante y gratificante.
—¿Te duele la cabeza? —preguntó él.
—Un poco —confesó Joslyn.
—Cierra los ojos. Déjame masajearte las sienes. —Connor levantó la mano libre y apoyó las yemas de los dedos contra sus sienes, realizando suaves círculos con una presión constante.
Joslyn obedeció. El calor y la presión firme se filtraban desde sus dedos, relajando poco a poco sus nervios tensos hasta que incluso el sordo latido en las sienes comenzó a aliviarse.
—Más tarde te contaré las historias que hay detrás de cada una de esas fotos. —Sus manos seguían moviéndose mientras Connor continuaba en voz baja—: Siempre que haya algo que quieras saber, pregúntame. No tienes por qué reconstruir todo el pasado tú sola, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —respondió Joslyn en voz baja.
—¿Estás cansada? ¿Quieres echarte una siesta? —preguntó él.
«La verdad es que no. He dormido esta tarde». Ella negó ligeramente con la cabeza, manteniendo los ojos cerrados mientras saboreaba su tacto. «Quédate así un rato más».
El silencio se instaló plácidamente entre ellos.
Los dedos de Connor recorrieron poco a poco sus sienes y su frente antes de deslizarse suavemente por su cabello.
A la mañana siguiente, la brillante luz del sol inundaba la habitación.
Joslyn descansaba recostada contra el cabecero elevado, mientras Connor se sentaba a su lado pelando una manzana. Bajo el suave movimiento de su cuchillo, la piel se desprendía en espiral formando una tira larga e ininterrumpida.
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