✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 228:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Joslyn se duchó y se puso el pijama. Cuando Jane terminó, cogió su almohada y se dirigió hacia la habitación que originalmente había sido suya. Se detuvo en la puerta del dormitorio principal y miró hacia atrás, hacia Connor, que seguía apoyado en el marco de la puerta.
—Connor, voy a volver a mi habitación. Buenas noches. —Le dedicó una pequeña sonrisa.
—Buenas noches. —Su voz sonó ligeramente ronca.
Joslyn asintió, se apretó la almohada contra el pecho y entró en el dormitorio de al lado. Un instante después, la puerta se cerró con un clic detrás de ella.
El sonido fue suave, pero se oyó con claridad a través del silencioso pasillo.
Connor se quedó donde estaba, mirando fijamente la puerta cerrada sin moverse.
Un peso sordo le oprimía el pecho. Ella simplemente se había marchado: con calma, con naturalidad, sin dudar ni un instante. Como si todas las noches que habían pasado compartiendo la misma cama, durmiéndose en los brazos del otro, todos esos momentos tranquilos de cercanía, se hubieran borrado en el instante en que Jeffrey se marchó.
Connor cerró los ojos brevemente antes de volver al dormitorio principal.
Un leve rastro de su aroma parecía seguir flotando en el aire.
Tras ducharse, se tumbó. La cama era amplia, silenciosa e insoportablemente vacía. Llevaba años durmiendo solo en ella y nunca le había parecido que hubiera ningún problema. Sin embargo, tras solo un breve periodo durmiendo junto a Joslyn, ya no estaba acostumbrado al espacio que quedaba a su lado.
𝖤ѕtreոо𝘀 𝘴𝖾𝘮𝘢𝘯𝖺l𝗲𝘀 𝘦𝗻 𝗻𝗈𝗏e𝗹𝗮s4fa𝗻.𝖼o𝗆
La almohada que tenía al lado aún conservaba el tenue aroma de su champú —tan ligero que debería haber sido fácil de ignorar, pero que parecía extenderse por todas partes—.
Connor se dio la vuelta y se quedó mirando al techo, completamente despierto.
Sin motivo aparente, el mensaje de Meg volvió a aflorar en su mente. «Connor, la edad no está precisamente de tu parte, y en lo que respecta a complacer a las mujeres, no parece que estés a la altura de tus rivales».
La edad no estaba de su parte. No se le daba tan bien conquistar a una mujer.
Cuanto más le daba vueltas a esas palabras, más inquieto se sentía.
Finalmente, se incorporó, cogió el móvil de la mesita de noche, abrió un buscador y escribió: «¿Por qué las esposas siempre quieren dormir separadas de sus maridos?».
La página se actualizó y aparecieron innumerables resultados de golpe.
Connor se subió las gafas y empezó a leerlos con una expresión inusualmente solemne.
El primer comentario, y el más votado, decía: «El marido ronca como un trueno y la mujer tiene el sueño ligero y no soporta el ruido».
Connor frunció ligeramente el ceño. Dormía tranquilamente, respiraba con regularidad y nunca había roncado. Ni en su revisión prematrimonial ni en su revisión médica anual se le había detectado ningún problema respiratorio. Se podía descartar esta razón.
La siguiente publicación decía: « En segundo lugar, el marido tiene mal olor en los pies, mal aliento u olor corporal, y ese olor impide que la mujer duerma».
.
.
.