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Capítulo 836:
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Katelyn apretó con fuerza la empuñadura del arma, con la mandíbula apretada. Las astutas palabras de la impostora picaron más de lo que había esperado, obligándola a reconsiderar su enfoque. En unas pocas frases, el falso Hades había tergiversado la historia, haciendo que Katelyn pareciera un fraude despiadado y consolidando su propia afirmación de que era el verdadero Hades.
Al final, Neil ya había elegido su bando: el del impostor. Su voz era aguda cuando ladró: «Quienquiera que seas, baja el arma ahora o llamaré a seguridad».
Su mano se posó sobre el botón de llamada de emergencia, lista para pedir ayuda con sólo pulsarlo. Los de seguridad llegarían enseguida.
La frustración estalló en el interior de Katelyn mientras apretaba los dientes. Neil ni siquiera sabía quién era el verdadero Hades. Su mirada se volvió gélida cuando lo miró fijamente. «¿No puedes distinguirnos? Te he mirado las piernas hace poco».
Neil vaciló, con la incertidumbre parpadeando en sus ojos. Ese era un detalle que sólo él y el verdadero Hades sabrían. ¿Podría la persona que tenía delante ser realmente la verdadera?
«Esta discusión me está dando dolor de cabeza», intervino Lise, con clara impaciencia mientras se cruzaba de brazos. «Ya que los dos decís ser Hades, demostradlo. ¿Y dónde está Katelyn? Debería poder identificar a su amiga».
Sus palabras volvieron a centrar la atención de todos en Katelyn. Neil escaneó la habitación, con confusión evidente en su rostro. «¿Dónde está Katelyn? Tráiganla aquí, ¡ahora!»
La falsa Hades mantuvo la compostura, sin alterar su tranquila conducta. Cuando por fin habló, sus palabras cortaron la tensión, dejando a Katelyn completamente aturdida y sin habla.
«Llamaré a Katelyn ahora mismo», declaró el impostor.
Katelyn estaba completamente desconcertada, luchando por procesar lo que estaba sucediendo. ¿Cómo había conseguido este fraude sus datos personales? En ese momento, la invadió una sensación inquietante y surrealista, como si se viera reflejada en un espejo. Cada acción, cada palabra de la impostora era una imitación meticulosamente calculada de la suya.
Vincent se colocó junto a Katelyn, con una presencia tranquila pero decidida. Su instinto le decía que se trataba del verdadero Hades. Inclinándose, susurró: «Busca una oportunidad para desenmascararla».
Katelyn asintió con la cabeza. La seguridad que le proporcionaba la confianza de Vincent calmaba sus nervios y la mantenía a raya en aquel momento caótico. No pudo evitar sentir una pizca de gratitud por su capacidad para discernir la verdad, a diferencia de Neil, que parecía demasiado crédulo.
Mientras tanto, la impostora cogió un teléfono y marcó un número, con una confianza inquebrantable. La sala se puso tensa y todos los ojos se clavaron en ella cuando sonó la llamada. Katelyn sintió una oleada de adrenalina a pesar de su calma exterior. La descarada confianza que mostraba la impostora sugería que estaba preparada para cualquier desafío imprevisto.
Katelyn no tenía ni idea de qué otros trucos podría tener la impostora bajo la manga, así que sólo podía reaccionar a medida que se desarrollaban los acontecimientos.
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