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Capítulo 713:
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«Hierba de la Nieve Primaveral… Hierba de las Nieves Primaverales», murmuró, el nombre repitiéndose en su mente como una débil esperanza. ¿Dónde más podría encontrarla?
Con el rostro decidido, sacó su teléfono y escribió un mensaje a Alfy.
«Alfy, necesito tu ayuda para encontrar una medicina llamada Hierba de las Nieves Primaverales. ¿Sabes dónde podría conseguirla?»
El mercado negro -un submundo caótico y peligroso en el que se puede comprar cualquier cosa por el precio adecuado- no era una opción para Katelyn esta vez.
La respuesta de Alfy no tardó en llegar.
«¿Pasa algo? Déjame encargarme de encontrar esta hierba».
«¿Para qué sirve la Hierba de las Nieves Primaverales?». Hizo una pausa y la curiosidad se reflejó en su rostro mientras volvía a leer el mensaje de Katelyn.
Alfy se frotó la barbilla, con los ojos distantes. El nombre despertó algo en su memoria, una leve familiaridad que no lograba ubicar.
Katelyn respondió: «Es por salvar una vida».
Pero sabía que no podía depender únicamente de Alfy. Tendría que pensar en otras opciones.
Su rostro se tensó por la preocupación, cuyo peso se reflejaba claramente en sus ojos cansados. Cuando Katelyn y Vincent regresaron a Granville, ya estaba amaneciendo en las tranquilas calles. Después de toda una noche de prisas, ambos parecían agotados y el cansancio se cernía sobre ellos.
Vincent agarró el volante y la miró preocupado.
«Te llevaré a casa a descansar».
Katelyn negó con la cabeza, con voz áspera y cansada.
«No, vamos al hospital. Quiero ver a Carol».
«De acuerdo.
Vincent no discutió. Comprendió las prioridades de Katelyn y se guardó sus pensamientos.
Katelyn se frotó las sienes con fuerza, luchando por mantenerse alerta. Tenía que estar preparada para la posibilidad de que la Hierba de las Nieves Primaverales fuera imposible de encontrar.
Media hora más tarde llegaron al hospital Heartland. Antes de abrir la puerta de la habitación de Carol, Katelyn se echó un chorro de agua fría en la cara.
Su estado no había cambiado desde el día anterior. Todas sus constantes vitales eran estables, pero Carol yacía inmóvil, perdida en su sueño profundo e inalcanzable.
El rompecabezas del repentino deterioro de la salud de Carol seguía royendo la mente de Katelyn. Sin respuestas. Sólo preguntas, y el peso de la preocupación presionándola.
Katelyn cogió suavemente la mano de Carol y apoyó la cabeza en ella. Sus ojos contenían un dolor silencioso y solitario mientras susurraba su esperanza.
«Abuela, por favor despierta. Te necesito de verdad».
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