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Capítulo 1695:
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La mujer se detuvo. Una suave calidez se apoderó de su rostro mientras miraba a Katelyn. «Si la prueba de paternidad lo demuestra, entonces sí, lo soy». Sacó un documento doblado de su bolsillo y se lo tendió a Katelyn.
Se llamaba Olivia Ruiz. Después de que Katelyn la operara, su estado mental había mejorado gradualmente y se había dado cuenta de que Katelyn despertaba algo profundo en su interior: una conexión inexplicable que resonaba en lo más profundo de su alma.
Por casualidad, Olivia había descubierto que Katelyn estaba buscando a su madre. La revelación había despertado en ella una intensa curiosidad por la verdadera identidad de Katelyn. En secreto, había conseguido un mechón de pelo de Katelyn en la villa y había organizado una prueba de paternidad por su cuenta.
Durante los días en que Katelyn se había obsesionado con localizar al desaparecido Alfy, Olivia había estado buscando respuestas por su cuenta en silencio.
Los resultados habían destrozado su mundo. Katelyn era su hija, la misma niña a la que había llorado como muerta durante tantos años.
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Katelyn miró fijamente a Olivia, con la garganta oprimida por la emoción. Las palabras le fallaban. Tras años de búsqueda incansable, su madre estaba sentada a solo unos metros de distancia. Un torbellino de emoción y inquietud se arremolinaba en su corazón.
En lugar de recurrir inmediatamente a la palabra «madre», Katelyn preguntó con cuidadosa moderación: «¿Puedes contarme qué ha pasado todos estos años? Tu nombre, tu identidad… todo».
Eran cosas que nunca había podido descubrir. Aunque a Katelyn no le importaba en absoluto el estatus o la posición social, ansiaba conocer la verdad sobre el pasado.
Olivia le dio una palmadita al asiento a su lado. «Siéntate», dijo con dulzura. «Te lo contaré todo».
Dedicó todo el día a ello, desgranando, pieza a pieza, los acontecimientos que se habían desarrollado a lo largo de los años.
Katelyn descubrió que Olivia era la esposa del antiguo rey y que el devastador incendio de aquel fatídico año había sido provocado deliberadamente por el rey actual. Este había albergado durante mucho tiempo un deseo obsesivo por Olivia, y esa obsesión le había llevado a encerrarla en el palacio.
Tras recibir la noticia de la supuesta muerte de su hija, la mente de Olivia se había derrumbado bajo el peso del dolor, consumiéndola lenta y completamente. Mientras tanto, la otrora poderosa familia Ruiz había visto cómo su influencia se desvanecía hasta caer en el olvido.
Todo ello —cada pérdida, cada dolor— había tenido su origen en las acciones del actual rey, con Bernie desempeñando su propio y oscuro papel en la tragedia.
Katelyn escuchó cada palabra de aquel relato desgarrador. Cuando terminó, se sumió en un largo y profundo silencio.
Katelyn nunca había imaginado que por sus venas corría sangre real —que era la antigua princesa de Yata— ni que su madre había soportado en silencio años de crueldad indescriptible.
Una furia atronadora se encendió en su pecho. Vengaría a su padre.
Atrajo a Olivia hacia sus brazos, rozando con los labios la oreja de su madre. —Mamá, te he buscado a través de una oscuridad infinita durante tantos años. —Su voz se quebró bajo el peso de las palabras.
Los ojos de Olivia se llenaron de lágrimas, y la compostura que había mantenido con tanto cuidado se desmoronó mientras temblores de emoción cruda recorrían su frágil cuerpo.
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