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Capítulo 1675:
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Katelyn preparó a la mujer para los exámenes preoperatorios antes de comenzar la cirugía. Después de haberla tratado durante algún tiempo, Katelyn estaba muy familiarizada con su estado físico básico, y realizar la cirugía no era particularmente complicado.
Al mirar a la mujer que yacía inmóvil en la mesa de operaciones, Katelyn sintió de repente emociones inesperadas.
«Quédate aquí tumbada y descansa. Cuando te despiertes, te sentirás mucho mejor», murmuró en voz baja.
Una pizca de arrepentimiento se apoderó del corazón de Katelyn. Si hubiera sabido que el estado de la mujer se deterioraría tan rápidamente, habría programado la cirugía antes. Quizás, a estas alturas, su enfermedad ya estaría completamente curada.
La tez pálida de la mujer no hizo más que aumentar el sentido de la responsabilidad de Katelyn. Con un suave suspiro, Katelyn apartó sus pensamientos turbulentos y se concentró en la tarea que tenía entre manos.
La cirugía exigió toda su atención durante dos horas completas. Una vez terminada, ignoró el cansancio que se apoderaba de sus músculos y salió apresuradamente.
—¿Vincent os ha dado alguna noticia? —preguntó Katelyn a los subordinados que custodiaban la puerta.
Los dos hombres intercambiaron miradas antes de negar con la cabeza.
Katelyn sintió un nudo de angustia en el estómago. Rezó para que Alfy no corriera ningún peligro esta vez.
Después de organizar meticulosamente todo lo necesario para el cuidado postoperatorio de la mujer, miró fijamente a sus subordinados. —Cuídenla bien —les ordenó con firmeza—. Informen inmediatamente si hay algún cambio en su estado.
—¡Sí, señorita Bailey! —Los subordinados se pusieron en marcha sin dudarlo.
Una vez satisfecha de que la mujer estaba estable, Katelyn sacó su teléfono y salió rápidamente al exterior. Cuando llegó al borde del jardín, sus dedos ya habían marcado el número familiar.
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Vincent respondió de inmediato. —¿Has terminado la operación?
—Sí —respondió Katelyn, con ansiedad en su voz—. ¿Cuál es la situación por tu parte? ¿Has encontrado algún rastro de Alfy?
Al otro lado de la línea, Vincent contemplaba la fábrica abandonada que tenía ante sí, con los ojos oscurecidos por la preocupación. —La situación no es muy optimista —dijo, bajando la voz—. La localicé cuando se la llevaban unos traficantes de personas, pero cuando seguí el rastro hasta aquí, el lugar ya estaba vacío.
La ausencia de cámaras de vigilancia en los alrededores significaba que, una vez que los traficantes de personas se marcharan, sería casi imposible encontrar rastro alguno de ellos.
En ese momento, el corazón de Katelyn se hundió como una piedra en el agua. Aunque se había preparado para recibir malas noticias, nunca había imaginado que Alfy fuera secuestrada por traficantes de personas. La revelación transformó su expresión en una máscara de férrea determinación.
«Debemos averiguar qué grupo lo hizo», exigió, con un tono de voz peligroso.
Si los traficantes de personas se habían llevado a Alfy, esta situación exigía una investigación inmediata y exhaustiva. Cada momento que pasaba aumentaba el peligro.
Katelyn apretó con fuerza el teléfono, blanqueando los nudillos al apretarlo con tanta fuerza que podría haber roto la carcasa. En su mente, no era el dispositivo lo que estaba aplastando, sino las gargantas de aquellos que se habían atrevido a secuestrar a Alfy.
Vincent reconoció la fría furia que irradiaba a través del teléfono. «No te preocupes demasiado», dijo, con voz deliberadamente tranquila y mesurada. «Investigaré este asunto hasta el final. Pero debes contarme cualquier medida que tomes, ¿entendido?».
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