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Capítulo 1269:
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Aunque vio la respuesta en su mirada, se contuvo, esperando a que ella lo dijera.
Annabel respiró lentamente y enterró la cara en su cuello.
Siempre había imaginado que su primera vez sería en su noche de bodas.
Pero ahora estaban comprometidos y, en su corazón, le parecía justo.
Ver a Rupert luchar noche tras noche por controlar su deseo era algo que ya no podía soportar.
Una nerviosa expectación la invadió. El calor se apoderó de sus mejillas y ella asintió, murmurando su consentimiento: «Sí».
Los ojos de Rupert se oscurecieron. Con un movimiento suave, la tomó en sus brazos y la llevó hacia la cama.
Había deseado este momento durante demasiado tiempo.
Rupert la acostó con delicadeza en la amplia cama de color mercurio y se inclinó sobre ella. Sus manos la acunaron mientras sus ojos recorrían cada línea de su rostro, como si quisiera memorizarlo.
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«¿Qué estás mirando?», preguntó Annabel, con los nervios y la expectación acelerando su corazón a un ritmo frenético.
Rupert bajó la cabeza y le susurró al oído, con voz profunda y ronca: «Hoy estás impresionante, mi amor».
Mi amor.
El calor invadió las mejillas de Annabel. Pensó que podría acostumbrarse a oír eso.
Sin pensarlo, se humedeció los labios con la punta de la lengua.
Rupert no se lo perdió. Ese pequeño gesto despertó algo primitivo y hambriento en su mirada.
Volvió a capturar sus labios, saboreando el beso como si fuera el único alivio que conocía. Poco a poco, quiso algo más que su boca. Sus manos se deslizaron bajo su ropa, recorriendo la curva de su cintura con una ternura constante que le provocó un cosquilleo en la piel, como si la tocara el fuego.
Sus labios la siguieron, rozando desde su boca hasta su barbilla, luego bajando por su cuello y cruzando sus hombros, descendiendo más y más…
El placer invadió a Annabel, robándole el aire de los pulmones.
Con un pequeño jadeo, intentó empujarlo, pero su resistencia no tenía fuerza.
«No…», susurró.
Rupert le agarró la muñeca y la sujetó con suavidad, pero con firmeza. Su voz era un murmullo grave y tranquilizador. «Mi amor, relájate».
…
El ambiente era innegablemente romántico.
Una suave brisa nocturna entraba por la ventana abierta, derramando la luz de la luna por toda la habitación. Dos figuras entrelazadas yacían en la cama, sus susurros íntimos mezclándose con el aire cargado.
A la mañana siguiente, Annabel se despertó en una cama vacía.
Parpadeó somnolienta e intentó incorporarse, pero el dolor en su cuerpo la hizo detenerse.
En ese momento, Rupert entró, recién salido de la ducha y vestido solo con una toalla. Las mejillas de Annabel se sonrojaron cuando su mirada se posó en los chupetones esparcidos por su musculoso torso.
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Nota de Tac-k: Pasen una muy agradable mañana lindas personitas. Dios les ama y Tac-k les quiere mucho. (─‿‿O)
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