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Capítulo 372:
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El alivio relajó la postura de Shirley y la suavidad volvió a su rostro. «Se marchó sin decir nada durante más de un mes y casi me muero de preocupación. Kailey, entiendo que ya no sientes lo mismo por él, pero siempre ha llevado consigo la soledad. Cuando eras joven, tú eras la única persona que se mantenía cerca de él. ¿Podrías pasar más tiempo con él?».
« «Lo siento, pero no podría». Kailey negó con la cabeza, con voz suave pero firme. Por duro que sonara, entendía que ciertas promesas nunca podían ofrecerse a la ligera.
Tras el encuentro con Ryan aquella mañana, la claridad se había afianzado firmemente en su corazón. Reconoció que su vínculo nunca traspasaría la frontera entre tío y sobrina. Su pasado ya no la retenía en el mismo lugar, y una vida diferente ya había echado raíces. Si Ryan no podía aceptar eso, entonces los recuerdos serían lo único que quedaría entre ellos.
Con la mirada baja, Kailey dijo: «Abuela, yo no soy el centro de su mundo. Tiene amigos, y Olivia está a su lado. Algún día, formará su propia familia. Su esposa sería infeliz si yo siguiera en su vida».
El silencio se prolongó por parte de Shirley, pero su respiración entrecortada y su mandíbula apretada delataban el dolor que sentía.
Por fin, su dedo tembloroso se alzó hacia Kailey. «¿Cómo puedes ser tan desagradecida?».
La acusación golpeó con la fuerza de una bofetada y destrozó la alegría que debería haber llenado el día.
La conmoción dejó a Aleena y Felicity paralizadas, y ninguna de las dos supo cómo responder. Sin mirar atrás, Shirley se dio la vuelta y se dirigió a zancadas hacia el aparcamiento, con la espalda rígida.
Aleena apretó el brazo de Kailey con preocupación. «Shirley está envejeciendo y probablemente habló sin pensar. No te tomes sus palabras a pecho, ¿de acuerdo?».
Una sonrisa forzada se dibujó en los labios de Kailey, transformándose en algo más parecido a una mueca. «Estaré bien. Deberías ir a ver cómo está».
Aleena dudó, con ganas de decir algo más, pero al final se apresuró a seguir a Shirley.
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«¿Qué le pasa a esa anciana?», murmuró Felicity, irritada. «¿La edad le ha empezado a nublar la mente?».
A Kailey le parecían inútiles las explicaciones, y esbozó una pequeña sonrisa. «No pasa nada». Aunque el momento tenía su peso, darle más importancia no servía de nada. La preocupación de una madre por su hijo era algo natural en Shirley. Aunque el silencio de Ryan no fuera culpa de Kailey, la gente seguiría relacionándolo con ella. Pero tarde o temprano, lo olvidarían. Los años que había pasado con la familia Owen le habían enseñado bien esa lección.
Felicity y Julissa intercambiaron miradas, sin saber qué decir.
La tensión provocada por el arrebato de Shirley aún flotaba en el aire, y cuando Kyson volvió a entrar tras despedir a los últimos invitados, era imposible pasar por alto el ambiente apesadumbrado. Frunció el ceño con preocupación mientras cruzaba la sala y se detenía frente a Kailey. «¿Qué ha pasado?».
Al oír su voz, Felicity y Julissa se relajaron visiblemente.
«Menos mal que estás aquí», dijo Julissa. « Dejaremos a Kailey en tus manos».
«La familia Owen ha molestado a Kailey. Deberías consolarla», añadió Felicity con un guiño.
La gratitud se reflejaba claramente en la expresión de Kyson mientras asentía. «Gracias a las dos por todo lo de hoy. El chófer os llevará a casa».
Ninguna de las dos puso objeciones. Se cogieron del brazo y salieron apresuradamente, con la clara intención de dejar a la pareja a solas.
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