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Capítulo 328:
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Kailey quería preguntar más, pero una llamada de la oficina se llevó a Kyson primero. Ella todavía tenía una cita con su tío, así que dejó a un lado las preguntas que le rondaban la cabeza.
Una vez que terminó de comer, condujo sola hasta la casa de su tío.
Bianca no estaba por ninguna parte. Lionel puso una expresión complicada al fijarse en el lujoso coche de Kailey. «Has llegado en el momento perfecto. Mi coche lleva días fuera de servicio, sigue atascado en el taller».
Kailey lo miró con preocupación. «¿Estás bien?».
«Estoy bien, de verdad». Hizo un gesto con la mano para restarle importancia mientras se abrochaba el cinturón de seguridad. «Conduzco con cuidado. Ese accidente no fue culpa mía en absoluto. Es un bonito coche. Tu novio debe de tratarte muy bien. Eso es tranquilizador».
El cambio de tema fue tan sutil que Kailey, concentrada en la carretera, no percibió nada inusual. Simplemente asintió. «Sí, me trata bien».
«Si te valora tanto, no lo des por sentado», añadió Lionel.
𝖳𝗎 𝗉𝗋𝗈́𝗑𝗂𝗆𝖺 𝗅𝖾𝖼𝗍𝗎𝗋𝖺 𝖿𝖺𝗏𝗈𝗋𝗂𝗍𝖺 𝖾𝗌𝗍𝖺́ 𝖾𝗇 𝗇𝗈𝗏𝖾𝗅𝖺𝗌𝟦𝖿𝖺𝗇.𝖼𝗈𝗆
Kailey frunció ligeramente el ceño, pero se quedó callada.
El teléfono de Lionel empezó a sonar. Lo ignoró y siguió hablando. «Mi mujer y yo también nos conocimos a través de una casamentera. Sin chispas, sin gran romance… y, sin embargo, acabamos juntos. El amor no es una necesidad en el matrimonio. Sabes, Ryan…»
«Tío Lionel», interrumpió Kailey. Aún no tenía del todo claro qué sentía por Kyson, pero aquellas palabras la inquietaron por razones que no podía explicar. «Tu teléfono no deja de sonar. Puede que sea importante».
«Ah. Claro». Lionel cogió el teléfono y, en cuanto leyó el mensaje, se le quedó la cara pálida.
Kailey se dio cuenta al instante. «¿Qué pasa?».
Casi por reflejo, Lionel giró el teléfono con la pantalla hacia abajo y lo apretó contra el pecho. «Nada en absoluto. Céntrate en conducir».
¿Nada? Su expresión decía lo contrario.
Kailey no le creía, pero también sabía que insistir no serviría de nada. Volvió a centrar su atención en la carretera.
El coche aceleró bajo un paso elevado, adentrándose más hacia las afueras. El entorno le resultaba cada vez más familiar, lo que le provocó un escalofrío en el pecho. Con una mano, minimizó la pantalla del navegador. La ruta confirmó sus sospechas. Ya había estado allí antes.
¿Podría ser realmente una coincidencia?
Kailey miró hacia el asiento del copiloto. Lionel tenía los ojos cerrados, como si ya se hubiera quedado dormido. Apretó con más fuerza el volante y aumentó la velocidad.
Una hora más tarde, llegaron a los pies de la montaña.
Había dado por hecho que el destino estaría cerca. En cambio, era el lugar exacto al que Quentin la había llevado una vez en busca de cristales. Incluso los detalles más insignificantes encajaban a la perfección.
—Tío Lionel —dijo Kailey en voz baja, con la mirada fija en el estrecho sendero que tenían delante. Las ramas rotas que Quentin había utilizado como señales aún eran visibles—. ¿Estás seguro de que este es el lugar?
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