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Capítulo 327:
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La primera vez que conoció a Benny, este acababa de cumplir dieciocho años. Ahora que lo pensaba, aquel encuentro quizá no había sido tan fortuito como parecía. ¿Cómo podía alguien que pasaba las noches en bares sin supervisión evitar meterse en problemas de verdad y cambiar tan repentinamente tras la advertencia de un desconocido? Si había sido una coincidencia, entonces Benny era demasiado ingenuo. Si no lo era, la situación era más compleja.
Kyson se pasó la lengua por el interior de la mejilla, agudizando la mirada. Tras colgar, permaneció donde estaba hasta que la tensión en su pecho se alivió; luego subió las escaleras.
Se duchó rápidamente y regresó al dormitorio. Para no despertar a Kailey, se acostó a cierta distancia. En cuestión de segundos, ella se movió en sueños. Rodó hacia él sin abrir los ojos, con la mano apoyada en su pecho, acomodándose allí con la misma naturalidad con la que respiraba.
Kyson exhaló en silencio y le rodeó la cintura con un brazo, atrayéndola hacia sí. Poco después, cerró los ojos.
Kailey sabía que se movía mientras dormía, pero no se daba cuenta de la frecuencia con la que buscaba su contacto, ya que él solía despertarse antes que ella. Ese día fue igual.
Cuando terminó de arreglarse y bajó las escaleras, Kyson ya estaba sentado a la mesa con el desayuno delante. Saludó a Karol e Irene, y luego lo miró a él. —¿Volviste muy tarde anoche?
Kyson levantó la vista, pero no respondió de inmediato.
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Pensando que no la había entendido, señaló ligeramente sus ojos. «Pareces cansado».
Una leve sonrisa apareció en su rostro. «Agradezco tu preocupación, cariño».
La razón de su falta de descanso estaba sentada justo frente a él. Mientras dormía, se había aferrado a él y se había movido sin parar. Él había querido moverse, pero se contuvo para no despertarla. Solo él sabía lo larga que le había parecido aquella noche.
Kailey no se dio cuenta de nada de eso. Que la llamara «cariño» delante de Karol e Irene le hizo sonrojar las mejillas. Le lanzó una mirada discreta y se inclinó hacia él. «Vuelve a casa antes la próxima vez».
Irene los observaba con un deleite que no ocultaba. Parecían la pareja perfecta. Esa idea le recordó algo. «¿Cuándo tenéis pensado haceros las fotos de boda? Ya que la boda está fijada, las fotos no pueden retrasarse».
Kailey miró a Kyson, esperando a que él hablara.
«Ya me he puesto en contacto con el fotógrafo», respondió Kyson, dejando a un lado la servilleta. Incluso el más mínimo movimiento denotaba una compostura natural.
Irene parpadeó. «¿Cuándo lo hiciste? ¿Por qué no me enteré?».
Kailey estaba igual de sorprendida.
Al darse cuenta de sus reacciones, Kyson soltó una suave risa y acarició el pelo de Kailey con la mano.
«Un amigo mío trabaja como fotógrafo. Su estilo no está mal. Volverá al país pronto.»
Los ojos de Irene se iluminaron. «¿Te refieres a Lyman?»
«Exacto.»
Irene se animó. «Lo conozco. Es reconocido por su fotografía y ha ganado varios premios internacionales; tiene un talento extraordinario. Su personalidad puede ser impredecible, pero eso no importa. Lo que importa es que será él quien te haga las fotos. Ya me imagino lo bonitas que quedarán».
Kailey siguió sonriendo, aunque sus pensamientos divagaban. Sus ojos se dirigieron hacia Kyson, sin enfocar.
Lyman.
¿Podría ser la misma persona en la que estaba pensando?
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