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Capítulo 1004:
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Dicho esto, se dio la vuelta y se marchó con pasos pesados. La luz que entraba por la puerta proyectaba su alta silueta sobre el suelo, lo que le daba un aire algo desolado.
Kailey se apoyó contra la pared; su aroma familiar aún flotaba en el aire. Su pecho se agitaba. Pasó mucho tiempo antes de que por fin soltara el aliento que había estado conteniendo.
La habitación estaba inquietantemente silenciosa; parecía como si el aire mismo se hubiera congelado.
¿Lo que acababa de decir significaba…
que la estaba dejando marchar?
Kailey cerró los ojos; sus pensamientos eran un enredo que no conseguía desenredar.
Kyson entró directamente en el estudio sin encender las luces. Afuera, el viento agitaba las hojas con un sonido que parecía no tener fin.
Sacó un paquete de cigarrillos y un mechero de un cajón. Encendió uno, pero no lo fumó; el pequeño resplandor carmesí parpadeaba entre sus dedos.
Transcurrió un tiempo indeterminado hasta que el cigarrillo se consumió por completo.
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Justo en ese momento, sonó su teléfono. Era Devin.
«Señor Blake, ya me he encargado de todo por aquí. El abogado dice que no habrá ningún problema».
«Mm». La respuesta de Kyson fue evasiva. Aplastó la colilla en un cenicero junto a la ventana. «Cuando termines, vete a casa y descansa un poco», dijo con voz ronca. «Mañana todo seguirá como de costumbre».
Devin dudó antes de hablar, con tono preocupado. «Señor Blake, teníamos previsto un viaje de negocios para mañana a otra ciudad. ¿Sigue… en pie?».
El cliente de este viaje era extremadamente importante, pero…
Con todo lo que había pasado, ¿no debería su jefe estar más preocupado por su mujer en este momento?
«Vamos a ir».
La respuesta de Kyson fue inesperada.
Sus ojos eran profundos, oscuros e inescrutables. «A las siete de la mañana. Ven a recogerme».
Colgó, se dio la vuelta y se hundió en la silla de su despacho, echando la cabeza hacia atrás. Le temblaba la nuez. Se llevó una mano a la frente, cubriéndose los ojos penetrantes.
Unos minutos más tarde, cogió el teléfono que tenía sobre la mesa.
Salió de casa, se subió al coche, le envió a Devin una nueva dirección y luego llamó a Lambert y a Rayden.
Kyson casi nunca llamaba a sus amigos para ir a tomar unas copas. Si lo hacía, significaba que había ocurrido algo importante.
Y esta vez, Lambert y Rayden sabían exactamente de qué se trataba.
La detención del presidente del Grupo Zenith había conmocionado a todo el mundo empresarial, y se habían desenterrado todo tipo de rumores al respecto que ahora se extendían como la pólvora.
Al fin y al cabo, hurgar en la vida privada de los demás era lo que mejor se les daba a esos jóvenes ricos ociosos.
Quedaron en su bar habitual, que por las noches siempre estaba a reventar.
Las luces de neón parpadeantes y la música atronadora se entremezclaban mientras hombres y mujeres se dejaban llevar por una atmósfera cargada de deseo y desenfreno.
Lambert y Rayden empujaron la puerta de la sala privada y entraron uno tras otro.
El hombre que estaba en el sofá solo llevaba una camisa blanca, con los dos botones superiores desabrochados, dejando al descubierto el músculo esbelto que se marcaba bajo la clavícula. Tenía un brazo apoyado con desinvoltura sobre el respaldo del sofá y en la otra mano sostenía una copa.
El aire rebelde que desprendía era aún más intenso que antes de casarse.
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