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Capítulo 977:
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Los ojos de Ellen se fijaron en la mano de Yelena.
Vio la cacatúa posada en la mano de Yelena.
Justo cuando Maggie iba a intervenir, Ellen se acercó a Yelena. Señaló al pájaro en la mano de Yelena y dijo: «Esta cacatúa…».
Maggie se interpuso entre ellas y explicó: «Esta cacatúa entró volando por accidente en nuestro jardín».
A Ellen le pareció extraño el comentario de Maggie. Era obvio que sabía que el pájaro había entrado volando, ¡porque no tenían ningún pájaro en casa!
¡Y estaba segura de que esa cacatúa no era de Yelena!
La razón era muy sencilla, porque… ¡Ellen acababa de ver a Johan fuera!
Ellen había descartado su encuentro anterior con Johan como una mera coincidencia, asumiendo que no volverían a cruzarse. Sin embargo, allí estaban, volviéndose a encontrar tan pronto.
Y ahora, Johan estaba justo en su puerta.
Cuando Johan vio a Ellen, la saludó cálidamente y le explicó que su cacatúa había entrado accidentalmente en su jardín.
Al ver a Johan, Ellen se sintió tan nerviosa que casi no podía hablar.
Sin embargo, Ellen mantuvo la compostura y le dijo a Johan que entraría a buscar al pájaro.
No invitó imprudentemente a Johan a entrar, ya que no tenían ninguna relación que justificara tal familiaridad.
Aunque Ellen sentía cierta atracción por Johan, seguía manteniendo su sentido común.
Si alguien seguía apareciendo en su vida, quizá no fuera solo una coincidencia.
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—Dame la cacatúa —dijo Ellen.
—¿Para qué la necesitas? —preguntó Yelena, entrecerrando los ojos con recelo.
Ellen no tenía ningún deseo de dejar que Yelena y los demás salieran a ver a Johan.
Creía que Johan estaba destinado a ser solo suyo, un destino que no estaba dispuesta a compartir con nadie.
—Dame la cacatúa. Su dueño está esperando fuera —dijo Ellen, extendiendo la mano hacia el pajarito—. «Blush».
Cuando la cacatúa oyó su nombre, volvió la cabeza hacia ella, con una expresión llena de curiosidad, como preguntándose cómo sabía su nombre.
Ellen sintió una oleada de emoción. Era tal y como había dicho Johan: ¡este pajarito realmente respondía cuando alguien lo llamaba por su nombre! Repitió en voz baja: «Blush, ven aquí».
Esta vez, sin dudarlo, Blush voló hacia su mano extendida, girando la cabeza mientras exploraba el mundo que lo rodeaba.
Ellen miró al pájaro en su palma, sorprendida. Se sentía cautelosa, todavía un poco temerosa, pero había una parte de ella que no quería soltar al pájaro.
Maggie observó este intercambio, sorprendida.
No era ningún secreto que a Ellen no le gustaban los animales pequeños.
No pertenecían a sus manos, ni a su vista.
—Ellen, ¿este cacatúa es tuyo? —preguntó Maggie, desconcertada.
La mención de su nombre pareció despertar algo en Blush. El pájaro graznó: «Ellen, Ellen».
Ellen se quedó paralizada, con los ojos muy abiertos. ¿Por qué la cacatúa sabía su nombre? En un instante, un torbellino de emociones se apoderó de su corazón. ¿Podría ser que Johan hubiera orquestado todo esto?
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